Jungle presentan candidatura para arrasar en 2018

Desde Crazy Minds queremos lanzar una propuesta. Durante un año, todos los pueblos deberían dejar de contratar orquestas para sus fiestas mayores. Solo durante un año, porque lo de las orquestas son patrimonio de este país y no nos podemos permitir el lujo de prescindir de ellas. En este año sabático, la única banda que actuaría en cada festividad sería Jungle. Los británicos cuentan con todos los requisitos: son siete sobre el escenario, tocan todo tipo de instrumentos, llevan coristas y su único objetivo es que la gente baile hasta que les ardan los pies.

Así lo demostraron en su concierto el martes en la sala Razzmatazz 2 de Barcelona, que forma parte de una gira en la que los británicos están calentando motores de cara a un próximo lanzamiento en 2018. Los británicos no han perdido fuelle desde que lanzaron su álbum debut en 2014. Sobre el escenario son pura energía bailable. Les bastó poco más de una hora para firmar uno de los conciertos del año. Con el sold out en la entrada, Jungle supieron gestionar a la perfección el entusiasmo de un público que iba con ganas de mover el cuerpo.

La devoción del público de Jungle es tal que la banda metió hasta cinco nuevos temas en el repertorio y la gente los reaccionó a ellos como si fuesen clásicos. Recuerden estos nombres, porque les harán bailar en la próxima temporada de festivales: House in L.A., Give Over, Cherry, Beat 54 y Happy Man. Temas que mantienen el sello de identidad de Jungle pero que tiran por un sonido más minimalista, con menos épica pero con un peso mayor en los ritmos y las voces. Veremos qué tal la versión de estudio.

Pero si los nuevos temas fueron bien recibidos por el público, las canciones de su primer álbum desataron la locura. Cada tema que tocaban era recibido como un hit. The Heat desató una euforia que duró hasta el final del concierto. Y eso que solo era el tercer tema en su setlist. Accelerate y Lucky I got What I Want sentaron las bases para una segunda mitad del concierto apoteósica. Julia y Crumble hicieron que los decibelios que sumaban la banda y los gritos del público subiesen hasta niveles obscenos. El resto del concierto fue ya una comunión de baile y calidad.

Jungle no suben al escenario a tocar, sino a trabajar. Cada uno de los miembros de la banda sabe lo que tiene que hacer en cada momento con una precisión increíble: cambian de instrumentos, meten arreglos aquí y ahí, se mueven al ritmo de su música y van perfectamente coordinados con la iluminación que llevan en sus directos. Una delicia sonora y visual. La transición que hicieron de Drops a Busy Earnin’ casi hunde el suelo de la sala. Hacer un bis con Time no era una sorpresa, sino ofrecer el final de fiesta que todo el mundo quería. Ojalá les veamos este verano en algún festival y ojalá tengan el peso en el cartel que se merecen.