Jolgorio y pogos en el Moritz Festival’ERA

Processed with VSCO with f2 preset

“Nosotros también somos rurales” exclamó Isa de Triángulo de Amor Bizarro en uno de los breves respiros que dieron al público  durante su concierto en el Moritz Festival’Era. La vocalista y bajista de la banda gallega hacía referencia al entorno en el que estaban tocando: la masia de Can Gascons, ubicada a las afueras de Llagostera (Girona), que desde hace cinco años acoge este festival de pequeño formato. Y es que la mística de las canciones de Triángulo de Amor Bizarro encaja especialmente bien entre prados, bosques y ovejas. Los gallegos tiraron en gran parte de Salve Discordia para dar un concierto compacto y de mucha intensidad. Si al principio el público pareció algo apático, hacia la segunda mitad  del concierto las primeras filas se habían transformado en un continuo pogo. Algo totalmente inevitable ante un final arrollador con Seguidores, Baila Sumeira, Cómo Encontró a la Diosa, Barca Quemada y De la Monarquía a la Criptocracia.

Ese caos entre las primeras filas no solo se vio durante el concierto de los gallegos. Horas antes, Cala Vento ofrecieron uno de los mejores conciertos de la jornada. A Joan y Aleix solo les bastaron 45 minutos para marcar el punto de inflexión de esta edición del festival: ese momento en el que el público pasa de querer estar sentado en el césped a darlo todo. Los del Empordà demostraron que son capaces de jugar en las mejores ligas. Algo que han conseguido a base de esfuerzo y una actitud admirable: dos discos en once meses y muchos kilómetros recorridos para reivindicarse como una de las mejores bandas que hay en el panorama nacional. En las primeras filas el público recitaba sus letras como si de una de esas bandas míticas se tratase. Es una auténtica gozada ver cómo Cala Vento llevan al directo temas como Isabella Cantó, Isla Desierta, Abril, Historias de Bufanda o Tus Cosas y disfrutan con ello.

Con más de un año de existencia, Jo Competeixo ya no es “el nuevo álbum de Manel” sino un clásico en su discografía. La banda catalana lo sabe y lo usa como hilo conductor de sus directos, cada vez más berbeneros. Manel aprovecharon su condición de cabezas de cartel para gustarse y darle al público lo que más quería: fiesta y bailoteo. Rescataron algunos de sus clásicos como Ai Dolors, Benvolgut, Boomerang o Teresa Rampell; pero los temas que hicieron bailar (y darle al perreo por momentos) fueron Sabotatge, Jo Competeixo o ese atrevimiento tan genial que es La Serotonina.

Este año el festival optó por dejar la parte más electrónica del cartel en manos de los artistas internacionales. Cumplieron en lo musical pero no llegaron a conectar con un público que quizás esperaba algo más asequible para hacer frente a las horas más nocturnas del evento. El francés Awir Leon lo tuvo difícil desde el principio: tocar entre los dos cabezas de cartel en el lugar (y la hora) en el que gran parte del público está cenando es una situación de la que es poco probable salir airoso. Tanto los británicos Dark Sky como los estadounidenses Octave One arrancaron con fuerza sus sets, pero fueron perdiendo fuelle a medida que su música iba sonando cada vez más repetitiva y con pocos recursos para sorprender al público. El barcelonés beGun se convirtió en el as en la manga de la organización, ya que consiguió mantener en pie al público hasta el épico cierre del festival a las seis de la mañana.

Como en cada edición (y en como pasa en tantos otros festivales) algunos grupos se vieron algo penalizados por su lugar en la programación. Barbott sonaron bien, pero no consiguieron conectar con un público que en aquellos momentos prefería la comodidad de una silla a la sombra que de acercarse al escenario para disfrutar más del concierto. Algo similar le pasó al cantautor Nico Roig, quien tuvo la árdua tarea de inaugurar el escenario principal cuando la mayoría de asistentes no habían llegado al recinto o estaban ocupados montando las tiendas de campaña en camping. Fue una lástima, ya que su nueva propuesta de concierto con banda hace que los temas de Vol.71, su último trabajo, tengan una sonoridad envolvente y muy cuidada.

Lo de Anímic es algo irremediable. El grupo catalán ha optado por un cambio radical con Skin, su tercer álbum. Si antes destacaban por un sonido folk más sosegado, sus últimos temas se acercan sin complejos al techno. Suenan de miedo, pero es complicado que esta nueva propuesta sonora encaje a eso de las 19:00 de la tarde. Incluso Louise Sansom, vocalista del grupo, ironizó sobre ello: “es difícil cantar sobre la muerte a las siete de la tarde”. Difícil o no, fue un gran concierto y la puesta de sol por detrás del escenario le añadió algo de mágico a su música.

De esta edición del festival nos quedamos con dos grupos que supieron aprovechar al máximo sus actuaciones. Por un lado, Renaldo & Clara abrieron la tarde con un concierto casi exclusivo para aquellas pocas personas que llegaron puntuales a la apertura de puertas del recinto. Los de Lleida interpretaron su pop – folk de forma muy delicada, cuidando cada nota y cada detalle de sus temas (bravo por ese pequeño guiño a No Woman de Whitney). Por otro lado, los Playback Maracas superaron con creces todas las expectativas. Supieron mantener al público en un estado eufórico tras el concierto de Manel y lo dieron todo sobre el escenario. Fue una grata sorpresa escuchar su cover de Nightcall (sí, la de Drive), uno de los momentos más memorables y celebrados de esta quinta edición del Moritz Festival’Era.