Izal, canciones para abrirse paso

IZAL

Fecha: Jueves 12 de Abril de 2012

Lugar: Sala Moby Dick (Madrid)

Magia y Efectos Especiales es el nombre del segundo álbum de Izal, título que presentaban el pasado jueves en la Sala Moby Dick, que se llenaba (literalmente) para escuchar las canciones que conforman ese último trabajo. Un disco completo que habla, sobre todo, de personas.

Lejos de tratar de parecer especialmente emotiva, digo esto porque son personas las que se perfilan en canciones como La Mujer de Verde, Conclusión en Do para Ukelele, A Nuestros Rincones, Prueba y Error o la propia Magia y Efectos Especiales.

Sobre el escenario cinco, más la trompeta que subía y bajaba dependiendo de si era o no necesaria su intervención. En el caso de Izal, las cifras y tecnicismos están bastante fuera. Sencillamente fue así: había un grupo de personas sobre el escenario redondeando en directo un disco bastante completo. Mejorando las canciones, por fuerza y por maña. Por temple, carácter, voz. La voz de Mikel, con o sin micrófono, es incorregible.

Dentro de mi cabeza se escuchaban ecos de Standstil y de Vetusta Morla. Pero había algo distinto. Mezclar pedazos acústicos con melodías más rápidas. Voz e instrumentos. Acoplar distintas voces, eso lo complicaba todo. Yo no quería que fuese un “grupo más”, y ellos tampoco.

Lo cierto es que llevaba unas semanas escuchando el disco. Un disco con canciones de estribillo, ya me entienden. Al principio era eso. Algo divertido que escuchar de fondo mientras uno hace esto o lo otro. Después siempre existe, ¿verdad?, ese momento en que a lo mejor te sientas para ver qué pasa con el disco, que ya suena en tu cabeza pero no sabes hasta qué punto estas dispuesto a aceptarlo de otra forma o piensas delegarlo a esa sucesión de canciones para entretener. Como las pelis malas a las que uno tiene cariño.

Pero de peli mala no había nada, claro. Muy que nos pese, a veces, los estribillos pegadizos guardan algo. Y, en el caso de Izal, la sencillez de las letras, la apariencia simple, esconde talento. Y ganas de contar historias. Al menos una por corte. De describir personas. Con problemas similares, o situaciones que muchos de nosotros conoceríamos. En el caso de ser medio humanos.

Es bonito cuando, y como anomalía, las personas que “adornan” el escenario también sonríen mientras lo hacen y además, consiguen que tú termines haciendo lo mismo. Sin necesidad de contar un chiste, que los hubo (y malos). Al margen de aquello; qué satisfacción ver como contar una historia triste con una sonrisa te convierte en mejor persona. Indudablemente así es como hicieron que muchas de las personas que estaban el jueves en Moby Dick sintiesen el repertorio como una fiesta. También había globos, qué os habéis pensado.

Celebrar algo tan real como estar contentos y agradecidos por llenar una sala así, con un trabajo así, y tener oportunidad de seguir pudiendo hacerlo es una buena muestra de que, sin bajarse del sistema, las canciones de Izal llenarán sitios más grandes.