Guadalupe Plata, los hijos bastardos del blues

Fecha: 24 de Febrero de 2012

Lugar: Sala Nasti (Madrid)

El blues nació como la música de los desheredados, el sonido de los antros y tugurios más sórdidos del sur de Estados Unidos. La cosa menos elegante que te puedas echar a la cara, vaya. Algo comparable a tocar el bajo con un barreño y una cuerda de tender la ropa. Pero, ¿qué le vamos a hacer? Los tiempos están difíciles y hay que agudizar el ingenio. Y de eso Guadalupe Plata parecen saber mucho. Su propuesta cavernícola y cruda bien merecería un puesto de honor en la lista de bandas capaces de llenar el escenario con lo mínimo. El trío de Úbeda ha sabido recoger el lamento del blues más tradicional y, pasado por la trituradora del punk y el sonido garajero, lo escupe a base de descargas eléctricas y ritmos adictivos. Un auténtico asedio sonoro que en una hora desmonta los huesos de todo aquel que se atreva a bailar su danza infernal.

Alabanzas como la que se acaba de marcar este redactor tienen la culpa (perdonen la inmodestia) de que los andaluces se hayan ganado un público fiel y el aplauso de una crítica rendida ante una banda que se convierte en vendaval sobre el escenario. Lo pudieron comprobar el pasado viernes aquellos que se atrevieron a adentrarse en la Sala Nasti, al igual que lo podrán hacer nuestros primos yankis en la próxima edición del SXSW.

Convertido el club de Malasaña en su sótano particular, los de Jaén se mostraron indomables y correosos sobre las tablas, dejando que el ambiente a sudor y cerveza hiciera de las suyas. Con canciones como Pollo Podrío o Boogie de la muerte rompieron más de una cadera y con ese estribillo que reza “¿Qué se siente al matar un gatito?” provocaron el éxtasis total. Derechazo tras derechazo dejaron K.O. a un público infectado por el veneno del blues, el boogie y una slide-guitar que lanza rayos y truenos a diestro y siniestro. Puro sexo. Música sórdida que se mete en los huesos, que se escurre entre las paredes y te engancha por la espina dorsal.

Sonaron también Como una serpiente y Baby me vuelves loco, dos canciones que bien podrían haber servido de banda sonora a un despeñaperros-western alocado (si Sergio Leone levantara la cabeza). Y es que el viernes la Sala Nasti parecía el camarote de los hermanos Marx, al que todo el mundo parecía estar invitado. O la ciénaga más oscura del Mississipi. Así son Guadalupe Plata, capaces de convencer a los más puristas del blues y de congregar a la nación más underground, garajera y punk de la capital.

Por suerte los entremeses de la velada estaban a tono con la timba que se habían marcado los andaluces. Si el trío jienense parece tocar desde el sótano más oscuro de Úbeda, lo de One Hand Man’s Band viene directamente desde el mismísimo infierno. El músico madrileño tuesta su guitarra en las barbacoas más calientes de Tejas hasta hacer que Skip James y The Sonics parezcan primos-hermanos. Blues-noise, garaje espacial, llámalo como quieras. Seis cuerdas al servicio de la rabia y el ritmo. Los ecos de su guitarra deben oírse todavía por las esquinas de Madrid.

Dentelladas sonoras como las de Chiquita y Chatarra, segundas en el desfile de la Sala Nasti. Ellas son dos mujeres fieles al credo DIY, al punk, al cuanto más básico, mejor. Sus instrumentos las delatan. Bajo y batería, ¿quién da menos? Sonido amateur, que no le da muchas vueltas al que dirán. Y es que lo hecho en casa siempre suena mejor. Y si no que se lo digan a Guadalupe Plata, que se traen el barreño de casa. Por si luego hay que fregar los platos rotos de la fiesta.