Foals y Madrid se lo creen

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Este sábado Foals tuvieron (y nos dieron) el placer de pasarse por Madrid gracias a Live Nation, en su primer concierto en sala en la capital nacional en años. Dando por sentado que en realidad tampoco tenía por qué ser el mejor sitio por el que pasarse (IVA, público irrespetuoso, falta de interés cultural) la sorpresa inicial era sin duda un sold out en el Barclaycard Center.

Abrieron el apetito los -también- británicos Everything Everything, bien conjuntados y presentando su tercer álbum de estudio, Get To Heaven, tan homogéneo como desconcertante, pero compensando su animosidad con cierta discreción, para calentar al público pero no dejarlo demasiado arriba (tampoco sabemos si habrían podido).

Un poco impuntuales, aparecían de forma poco teatral Foals, que tampoco necesitaron de mucha parafernalia para levantar una ovación monumental mientras empezaba a sonar el beat de Snake Oil (lástima que no empezasen con Prelude, como solían hacer). Tras esta apertura intensa y ruidosa, continuaron de forma sensacional y melódica con la genial Mountain at My Gates, si algo no se le puede echar en cara a los de Oxford es la inmensa cantidad de hits que tienen, más o menos ruidosos e intensos, pero con su sello personal y bien diferentes entre ellos. Así saltaron a Antidotes, después viajaron a Holy Fire con My Number, o más tarde Birch Tree y London Thunder, presentando estas dos de su último álbum tal vez con menos fuerza que las anteriores (será la falta de práctica que Yannis Philippakis comentó). El directo de Foals es devastador, cada vez que toca un riff, o una línea especialmente intensa la adrenalina del público y de la propia banda se dispara. Sin ser estos tampoco los mejores espectadores que se van a encontrar en la gira (hubo momentos de bastante frialdad) no encontraron mayor problema para que la energía y el furor se desatasen en posteriores temas como Providence o Spanish Sahara, que bien resabidos por los asistentes, fueron celebrados con devoción.

Philippakis y los suyos manejaron al público a su gusto, cambiando la intensidad con conjuntos de canciones una y otra vez. La ejecución de Red Socks Pugie fue redonda (al igual que prácticamente la de todo el setlist), y el cierre con A Knife in The Ocean y una versión sensacional de Inhaler resultó demoledor y épico. En el bis, tras un discursillo eufórico-emocional sonó What Went Down, con un momento apoteósico del líder casi a capella gritando “When I see a man, I see a lion” para después lanzarse en repetidas ocasiones al público. Se despidieron con Two Steps, Twice y la sensación de haber reventado toda expectativa posible, la distorsión que quedó sonando en el amplificador fue el eco en nuestras cabezas de que algo grande había sucedido.

Como comentamos en la crítica de su último álbum, Foals están listos para el gran público. Al igual que Arctic Monkeys estuvieron preparados en 2014, llenando curiosamente este mismo estadio, así What Went Down es de nuevo el puente que vuelve a unir la música “alternativa” y el llenar estadios. A pesar de que esto pueda acabar resultando un mal augurio para la futura calidad de su música, parece que los de Oxford no se confían y siguen entregando lo mejor que tienen cada vez que se suben a un escenario, y siendo tan buenos músicos, verles disfrutar de su música y tocarla con tanta pasión, no hay quien se resista a un directo suyo.