Florence + The Machine: Un hada pelirroja en Madrid

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Fotografía: Victoria Espinoza (@damadeluz)

No estábamos en mitad del bosque pero allí estaba ella, un hada en medio de la noche de Madrid. A su alrededor, se desató la locura y fuimos testigos de un directo para el recuerdo. En Vistalegre sentimos amor, magia, poesía y una puesta en escena digna de una diva durante casi dos horas de una comunión única entre una auténtica estrella internacional, su delicada  voz y un público entregado ante la pasión de una Florence Welch que sorprende por su inconmensurable energía. La cándida pelirroja se transforma sobre el escenario y ser testigo de ello no es fácil de olvidar.

La platea y las gradas de Vistalegre presentaban una imagen un tanto desangelada minutos antes de empezar el show del año. Algo extraño teniendo en cuenta la estrella fulgurante y nada fugaz que iba a pasar por delante de nosotros. Estamos en Madrid y la puntualidad no es una de nuestras virtudes. A medida que se acercaba nuestro encuentro con la reina del llamado pop barroco la asistencia iba copando un lugar transformado en caldera.

De repente, las luces se apagaron y cuando regresaron, apareció ella subiendo las escaleras desde la platea al escenario con esa gracilidad estilosa de las bailarinas de ballet. El hada pelirroja irrumpía como un torbellino. Adiós a la candidez de su tierna voz, aquello era un huracán directo a tu hipotálamo. Parecía resurgir de un cristalino lago en el claro de ese bosque musical que gobierna. Andando en puntillas y envuelta en un vaporoso vestido verde firmado por Gucci no dejó de recorrer el escenario saltando, danzando y saludando a unos fans con tocados de flores en la cabeza. Todo era un poema en ese momento. La falsa y casta desnudez que transmitía su vestido y What the water gave me fue un chute de emoción en un país como el nuestro, con menos alma cada día.

Retrocedimos en el tiempo en ese instante, quizás al verano del amor o quizás a un ritual druida, aunque el tiempo y el espacio se difuminaron a través de sus pies descalzos que corrían entre el público con Ship to Wreck o Rabbit Heart en sus labios. El hada caminó entre la platea como si anduviese sobre el agua y el milagro enchufó a una sala puesta en pie, estupefacta, en pleno delirio, en la mejor introducción que habían visto en un concierto. Cuando regresó al escenario rodeada de un juego de luces espectacular y un fondo brillante que simulaba las olas del mar, comenzó otro ritual, el musical. Una banda exquisita con un contrabajo, un pianista, un teclista, un trío de vientos, un bajo, una guitarra y dos angelicales coristas hacían la corte a un hada convertida en ángel. Sus andares iban hechizando a cada uno de los boquiabiertos espectadores y su voz iba desgranando lo más sublime de un repertorio inmortal.

A pesar de encontrarse en Vistalegre, donde es un reto sonar bien, Shake it out fue un momento mágico. La sonrisa del hada la convirtió en algo más que un himno. Nos elevó por encima de todo, de los problemas y de los anhelos que nos esperaban fuera de aquel altar pagano al estilo y al amor. Una palabra que reivindicada Florence con un carisma especial, de ser superior.

Sweet nothing, How big, how blue, how nothing o Cosmic love bajaron los decibelios y elevaron la poesía en este periodo del directo amenizado con alguna visita de la musa a las primeras filas de la platea y por las cabriolas y bailes dignos del Bolshoi de una artista feliz por acompañarnos aquella noche. La gente enferverecida le lanzaba presentes y ella muy agradecida los recogía con una nueva sonrisa eterna. Hubo quien le lanzó una ración de jamón serrano, algo que la apasionó, otros le lanzaron las flores que llevaban en la cabeza. Otro espectador le obsequió con una bandera gay, que Florence utilizó para jugar con ella y bailar como si se tratase de una gimnasta rítmica con esa gracilidad que te comentaba anteriormente.

Faltaron temas imponentes de su discografía pero el final del directo fue una apoteosis única, difícil de explicar y de creer para los ausentes. Tras Queen of Peace llegó Spectrum y en ese instante ya no había pies sujetos al suelo. En aquel momento todos esperábamos lo imposible, quizás levitar o quizás llorar de emoción. La voz del bosque, la de nuestra hada fue entonces cristalina y su banda respondió como un ingenio suizo de precisión. La canción duró un suspiro pero su eco perdurará en nuestros tímpanos por tiempo inmemorial. Después de este momento único, otro más. You’ve got the love fue una explosión de sentimientos. Florence Welch volvió a reinar en nuestras mentes y se preparó para finalizar su increíble actuación con Dog Days are Over, bailar con un sujetador lanzado por su entregado público y renovar su fondo de armario con todas las prendas lanzadas desde la pista.

Un final así tuvo una continuidad espectacular con unos bises compuestos por What Kind of man y Drumming song. Solo quedaba ya despedir a la musa de nuestros sueños y volar con la mente recorriendo una a una las intensas instantáneas que nos había dejado aquella muchacha descalza. El torrente de energía que dejó tras de si se reflejaba en el brillo especial que todos los que abandonaban el lugar tenían en sus ojos. No será fácil superar la estupefacción que dejó tras de si el hada del bosque. Pocos son los elegidos capaces de unir sensibilidad, fuerza, talento y distinción sobre un escenario. Solo nos queda abandonarnos en el claro del bosque y aguardar que ella de nuevo nos rescate de la mediocridad con su voz dulce, su mensaje de amor y su pies descalzos levitando sobre nuestra alma.