Festival ‘Era: Gran velada en Masía Can Gascons

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El pasado sábado 25 de julio en Llagostera, cerca de Gerona, unas 1.500 personas asistimos al festival que se ofrecía en la Masía Can Gascons. Cualquier expectativa en cuanto al Festival’Era se quedó corta al ver el panorama: un paisaje inmejorable, con el campo como protagonista, un clima fresco y cómodo y un público relajado, dispuesto a divertirse mucho.

 

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La banda que comenzó la jornada fue El Último Vecino. Actuaron de manera impecable, dejando ver que querían pasárselo tan bien como el público. Durante una hora, que se hizo realmente corta, tocaron temas tanto de su primer álbum como de su EP Tu Casa Nueva; de hecho, la última canción que sirvieron fue Culebra, Columna y Estatua, un resumen perfecto de su sonido sintético y sus letras bizarras y sinceras, que en disco cantan con Javiera Mena.

Aún con algún rayo de sol a sus espaldas, Ramón Rodriguez y la banda que lo acompaña ofrecieron un directo lleno de canciones míticas, desde su versión de Te Debo Un Baile, original de Nueva Vulcano, pasando por La Cafetera hasta Oh, Rompehielos, que, pese a llevar meses en la discografía de The New Raemon, puede considerarse ya un clásico.

En un escenario escondido entre robles y luces de verbena empezaba a sonar la voz, casi mágica, de Bel Bee Bee. Dulce y delicada, la voz de Belén Álvarez Doreste se perdía entre el balanceo de las hojas de los árboles que la abrazaban a ella y a su acompañante a la guitarra. En formato dúo, la canaria repasó todos los temas de su más que notable Still Unstirred e hizo sonar, además, una versión bonitísima de una canción del grupo folklórico canario Los Sabandeños, titulada: Gara y Jonay. Dejó, a los que todavía no la conocían, con la piel de gallina y con ganas, seguro, de volverla a ver en directo. Porque eso es lo que suele ocurrir la primera vez que se escucha a Bel Bee Bee.

The Antlers empezaron a dar pie a los sonidos más melódicos y electrónicos. Pudimos escuchar canciones de varios de sus álbumes. Kettering fue de los temas más tarareados del concierto, aunque en general todos fueron bailados e incluso  acompañaron a muchos durante la cena.

Tras varios minutos, los vascos Delorean protagonizaron el escenario con una magia, energía y saber hacer que saben transmitir de maravilla. Sonó Crystal, su último estreno, y también los imprescindibles Real Love o Deli. Muchos seguidores disfrutamos de lo lindo bailando como nunca. No hay nada más que añadir.

Pasada la media noche, Tversky ofrecían en el escenario más pequeño su debut, un sonido electrónico que siguió haciendo mover los pies a todos. Los componentes son Alan Himar, Miquel Serra y Victor Paradis, estos dos últimos también parte de Boreals y, lejos de compararlos, encontramos las diferencias entre ambos proyectos, los dos pulcros y realmente necesarios en el panorama electrónico nacional.

Jupiter Lion aparecieron muy dispuestos a envolvernos con sus guitarras y sus sintetizadores con canciones como Doppelgänger o Brighter, bajo un ambiente ya cien por cien bailongo. Proporcionaron el momento de metamorfosis hacia las horas más electrónicas del festival, que protagonizaron Gold Panda, Sau Poler y Djonhson, el encargado de pinchar música variada, elegante y atrayente hasta el amanecer.

En definitiva, el Festival’Era es para verlo y vivirlo; y si vas una vez querrás repetir, sin que importe demasiado el cartel del año siguiente. La amabilidad de todos los colaboradores, desde guardias de seguridad hasta camareros y organizadores, la comida que se ofrece o los precios en la barra son algunos de los aspectos que delatan el amor con el que se prepara cada rincón de esta gran fiesta, en la que se demuestra que lo más importante es el bienestar de todos, todísimos, los asistentes.