El universo particular de Refree

Foto: David Villafranca.

7 de febrero de 2013.
Sala El Sol (Madrid).

La primera vez que vi a Refree en concierto fue en el Primavera Sound de hace dos años, a una hora infernal, con un sol demoledor y el Mediterráneo de fondo. Precisamente ese mar se podía palpar en las canciones de Raül Fernández, tremendamente líricas, ricas en instrumentación, un material sensible de primera. Pero esa era la época del Tots Sants, lejos del minimalismo de sus primeros discos y también del que ahora presenta Nova Creu Alta, que plantea una nueva vuelta tuerca dentro del ya de por sí singular universo de Refree.

Y es que tras bajar por la escalera en espiral de la Sala Sol, que registró algo menos de media entrad, pocos podían adivinar lo que vendría después: un ejercicio de rock contundente, complejo, audaz y totalmente estimulante. El arranque con Quan els arbres ballen puso las cartas sobre la mesa: bajo pesado, guitarras ásperas y la primera ración de ruido como aperitivo. El disco se queda muy corto comparado con el (nuevo) directo de Refree, que desplegó muchísima energía como en el estribillo bien marcado y a coros de Kikirikí.

Más diferencias: Fernández pasa de un proyecto muy personal a una representación más típica de banda. Perfectamente secundado por bajo, batería, guitarra y teclados, precisos y acoplados desde el minuto uno, Refree afrontó con éxito la estupenda La nit ben alta, una de las canciones más destacadas del LP. A ratos parecía que al teclista le faltaban manos para todas sus artimañas electrónicas, mientras que el guitarrista probó mil y una combinaciones en sus tropecientos pedales, como en la tormenta sonora final de La fiesta. La maquinaria funcionaba a la perfección.

En cualquier caso, sigue siendo la figura de Raül Fernández la que da sentido a todo. Quizá sea la pinta de tipo tímido, retraído y un punto irónico la que da credibilidad a este pequeño y discreto genio de camisa a cuadros y sonrisa escondida bajo una espesa barba. Él parece sencillo, pero sus canciones tienen mucha miga. No hubo más que escuchar Orgía, que al principio parece deslavazada, inconexa, como si cada instrumento estuviera a lo suyo y el ritmo no terminara de arrancar. Es sólo un espejismo. Luego una pieza aquí, otra más allá, ahora un enganche y para cuando te quieres dar cuenta ya estás cantando “Sonen les sirenes…” y todo encaja de manera asombrosa.

El repaso a Nova Creu Alta casi fue completo y ni siquiera Avui ho he vist, una de las canciones más melódicas, se libró de sonar más eléctrica y potente que en el disco. “No hemos aprendido nada”, dijo Fernández al presentar Els nostres pares, dedicada a la lucha de nuestros padres y abuelos. El sonido compacto y puramente rock se difuminó en parte con la llegada de los bises, donde hubo espacio para canciones antiguas con dos detalles por encima del resto: una brevísima En pie y Rania, con Fernández (¡por fin!) solo ante el peligro, guitarra en mano y deliciosamente expresivo. Muy agradecido, Refree dijó adiós tras una nueva lección de versatilidad en su polifacético universo, ese capaz de hacer gravitar con sus producciones a Kiko Veneno o Silvia Pérez Cruz. Precisamente con Pérez Cruz lanzará un proyecto en este 2014, un motivo más para pensar que en el universo Refree todo es posible.