El gran salto de Mystic Caravan en la Sidecar de Barcelona

Foto: Pol Rendé

Hace unos meses entrevistamos a Mystic Caravan y cuando les preguntamos por sus próximos pasos como banda soltaron un “ahora mismo nos comemos los mocos, pero vamos a seguir adelante, porque si no nos lo creemos nosotros no se lo creerá nadie”. Es posible que a día de hoy se sigan comiendo los mocos (esto de la música no es para nada fácil) pero de lo que sí pueden estar satisfechos es da haber dado un salto cualitativo enorme. Cualquiera de los asistentes a su último concierto en la sala barcelonesa Sidecar nos dará la razón.

Mystic Caravan venían de pasar un 2017 vertiginoso. En apenas un año habían empezado a ensayar, hicieron una gira veraniega que les llevó hasta Francia, grabaron y sacaron el EP Searching Diamonds in the Mud (2017, Mystic Caravan) y volvieron a girar por España en otoño. Su concierto en Barcelona era algo así como el final de esa gira, el final de su primera etapa como banda emergente y una forma de tomar aire antes de meterse de pleno con su próximo EP. Cuando tocas en casa, enfrente de tus amigos, familiares y otros conocidos es posible que te relajes, que no des el 100% porque “aquello ya está hecho”. Pero los barceloneses plantearon su concierto como una demostración de fuerza y de autenticidad. El golpe sobre la mesa. El “lo nuestro siempre ha ido en serio”.

La banda de Barcelona articuló su concierto en torno a esa psicodelia instrumental que les caracteriza. Ya desde el principio, con una introducción que enlazaron con Tell Me Not Without Looking Down, demostraron que tienen las tablas suficientes como para meterse en pasajes instrumentales que van aumentando de complejidad sin cometer errores (y encima disfrutando de lo lindo sobre el escenario). El público respondió bien y se dejó llevar por los guitarrazos y una base de bajo y batería que son el pilar que sustenta al grupo.

Pasados unos minutos del concierto, y tras haber interpretado It’s About Me, se les podría haber echado en cara que quizás abusan demasiado de los pasajes instrumentales, que lo hacen con buena nota pero que les faltan temas más directos, singles, hits. Y este párrafo podría seguir por esa línea si no fuese porque en ese momento anunciaron que iban a tocar su próximo single y dejaron ver lo que puede llegar a ser un cambio en su forma de componer. Baby Please Don’t Go sí es carne de hit. Es corta pero intensa, con mucho más protagonismo de las voces y un estribillo pegadizo. Es justamente lo que necesitan ahora Mystic Caravan para llamar la atención de la gente y empezar a despuntar.

A partir de ahí, el concierto fue una auténtica fiesta del rock. Generaron cierto desmadre con Searching Diamonds y se atrevieron con otro nuevo tema que todavía no tiene título. Hubo momentos en los que el grupo se salía del rock más psicodélico para adentrarse en melodías mucho más afiladas y directas que hicieron que los asistentes alzaran los puños y agitasen las cabezas como si aquello fuese un concierto de Rage Against the Machine. Todo ello gracias al talento de cada uno de los integrantes del grupo, sobre todo un Antonio de Senillosa en estado de gracia que supo liderar al grupo en cada momento del concierto.

El final del bolo fue un desmadre, con invasión en el escenario durante We Don’t Need Control, crowdsurfing y sus colegas los Holy Bouncer sumándose a la fiesta. El estado de euforia que imperaba en la sala hizo que la banda optase por repetir su próximo single para cerrar una actuación que les ha servido para demostrar que están en condiciones de jugar en las mejores ligas.

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