El eterno Erasmus de Kakkmaddafakka

Kakkmaddafakka

Imaginemos al grupo prototípico de estudiantes de Erasmus en nuestro país: jóvenes, europeos (probablemente del norte), con ganas de mucha fiesta pero también con una actitud dispuesta a ser amable con los locales y así hacer muchos amigos. Esa imagen no se aleja demasiado de lo que son los noruegos Kakkmaddafakka sobre los escenarios.

Desde que se presentasen en sociedad en 2011 con Hest, los chicos de Bergen (Noruega) han tocado en España en numerosas ocasiones. Los hemos visto en varios festivales y tocando en algunas salas. Ha llegado un punto en el que parece que enlazan una gira con otra y no paran quietos. Quizás huyen del frío nórdico, aunque parece que les gusta estar sobre los escenarios, sobre todo en los españoles. Por este motivo uno empieza a verlos como ese grupo de estudiantes de intercambio que se enamora del clima mediterráneo y va pidiendo prórrogas a su país de origen para seguir viviendo esa vida de música y marcha.

Pero ojo, la reiteración no significa aburrimiento o falta de ganas. Y eso es precisamente lo que demostraron ayer los noruegos en la Apolo de Barcelona en uno de los conciertos de la gira española del quinto aniversario del Budweiser Live Circuit. Había cierta sensación de deja vú, pero su entusiasmo y su música sacudieron al público como si fuese su primera vez.

La excusa de su visita a nuestras tierras es la presentación de KMF, su nuevo álbum, pero ellos venían con la intención de hacer al personal. Es cierto que pese a haber tomado una deriva más sosegada y melódica en este último trabajo, temas como Galapagos, Young You y Change sonaron más contundentes en directo. Pero los noruegos no tardaron en soltar una verdad que muchos artistas piensan pero pocos se atreven a expresar frente al micro: “sabemos lo aburrido que es tocar solo los temas nuevos, así que vamos a volver a 2011”. A partir de ese momento el suelo de la Apolo tuvo que soportar a una audiencia extasiada.

Is she, Gangsta, Your Girl y una arrolladora Heildelberg transformaron la sala en una auténtica fiesta del bailoteo. Los chicos de Kakkmaddafakka saltaron, se arrastraron por el escenario, bailaron y se descamisaron mientras el público coreaba uno tras otro los temas. No arriesgaron: llevan años con el mismo tipo de show y saben que les funciona a la perfección. Si el público lo quiere, ellos se lo dan. Pero esto no debe dar argumentos a los más críticos: los noruegos mantienen un nivel de ejecución musical que hace que sus temas suenen sin un solo error (aunque se empieza a notar cierto cansancio o abandono en sus voces).

No necesitaron más de una hora y cuarto para resolver un concierto que seguramente superó las expectativas de los que los veían por primera vez y dejó un buen sabor de boca a los seguidores veteranos de la banda, que un año más no se sentirán defraudados. Arrasaron con un bis en el que destacaron el hit Restless y su particular balada Forever Alone. Al final, abrazos y fotos con el público y ninguna intención de marcharse sin antes agradecer la asistencia a todo el que se les acercaba. Agradecieron al personal haberles elegido frente a Justin Bieber, que también actuaba anoche en Barcelona. Solo faltaría.