El día que Sofar Sounds convirtió la Casa Batlló en un refugio para la música

Foto: Carlota Figueras

Cuando la organización de Sofar Sounds y Amnistía Internacional decidieron que su iniciativa Give A Home tendría lugar el 20 de septiembre, no podían imaginar que Barcelona, una de las ciudades participantes, viviría uno de sus días más movidos de los últimos años. A escasos metros de la Casa Batlló, el emblemático edificio de Gaudí elegido para albergar Give A Home, tenía lugar una protesta ciudadana que llenó las calles contiguas y subió los decibelios la Ciudad Condal.

Frente a aquel panorama, 100 afortunados subían las escaleras del edifico modernista para asistir a un concierto exclusivo de Mishima, La Casa Azul y Sílvia Pérez Cruz. Este excepcional Sofar Sounds formaba parte de un centenar de conciertos que tuvieron lugar ese día en ciudades de todo el mundo para reclamar a los gobiernos de los países que acogiesen a más refugiados. En un día en el que la política fue (una indeseada) protagonista, la música logró hacerse un pequeño hueco para ayudar a aquellos que tanto lo necesitan.

Pese al formato reducido de los conciertos de Sofar, Mishima se plantaron en el terrado de la Casa Batlló con todo: los cinco integrantes y un helicóptero de la policía que añadió algo de percusión forzada a su actuación. A lo grande. Arrancaron con dos temas reivindicativos como son El paradís y Mentre floreixen les flors, del disco L’ànsia que cura. De la denuncia pasaron a la promo del su nuevo álbum Ara i res, algo que hicieron a la perfección enlazando S’haurà de fer de nit, Qui més estima y Jimi. Tres canciones que demuestran que el grupo catalán se siente cómodo en el sonido que han construido en sus últimos lejanos y que David Caraben es lo más parecido a un trovador contemporáneo a la hora de contar historias. Cerraron con la genial Tot torna a començar y sus aullidos de viejos lobos de mar.

Foto: Carlota Figueras

La Casa Azul no es un grupo, es un universo: los hits pegadizos, los jingles, los temas para niños, los integrantes ficticios, la casi participación en Eurovisión y el bailoteo. Sin embargo, La Casa Azul en acústico es Guille Milkiway frente al piano; mostrando su canciones tal y como él las concibió y sin ningún escudo para maquillar esa mezcla de inocencia y cursilería que desprenden sus letras. Bizarro en los primeros compases pero resultón a medida que avanzaba el concierto. Los hits siempre serán hits y poder escuchar Yo también, Como un fan y la Revolución Sexual en el terrado de la Casa Batlló es un regalo se mire como se mire.

Foto: Carlota Figueras

Cuando Sílvia Pérez Cruz empezó a cantar, dejaron de oírse el helicóptero, las caceroladas y hasta el ruido de los botellines de cerveza. Llámenlo talento, magia o arte, pero con una voz y una pasión así es difícil no emocionarse. La cantante llegó acompañada de un violín y un violoncello e improvisó por el terrado una hipnótica danza junto a la cantaora Rocío Molina, que estuvo inmensa en su interpretación. Pérez Cruz eligió para su repertorio Estrella de Enrique Morente, Corrandes d’exili (adaptación del poema de Pere Quart), su maravillosa No hay tanto pan y una desgarradora Gallo rojo, gallo negro. Va a ser difícil volver a disfrutar de tanto talento de forma tan cercana, así que esperemos que este concierto dure durante mucho tiempo en nuestra memoria.