Eagulls en la Sala Sol: Los hijos de la escena ochentera

EAGULLS

“Un poco alto, un poco raro… Pero un tío majo”. Recordaba la frase del bajista de Joy Division hablando de Ian Curtis en la película Control, era inevitable viendo a George Mitchell sobre el escenario; largo como un día sin pan, flaco, blanco de piel, y vestido de colores oscuros y ropa ajustada. El único cambio era el color de su pelo, puesto que el peinado también era similar y además no dio ni un acorde en 45 minutos de directo.

OHIOS son buenos; ya lo sabemos, ya lo demostraron el año pasado teloneando a a nada menos que Blood Red Shoes, y este año de nuevo han sido elegidos por una buena banda para viajar con ellos por España. Su postpunk ruidoso y con muchísima energía es contagioso, además disfrutan sobre el escenario mucho, y eso ayuda, sobre todo después de 45 minutos esperando, pero ya llevan dos años rodando, así que es hora de crecer o dejarse llevar por la corriente. Ya tenemos bandas por el estilo en nuestro país que son fantásticas y que apenas salen a flote, como Mujeres, así que hay que despojarse de etiquetas e ir al siguiente nivel.

Qué decir de Eagulls en la Sala Sol… Esta sala tiene ese encanto garage que es casi británico, desde primera hora ya está repleta de gente variopinta, pelos de colores, pintas, gente trajeada, rangos de edad muy grandes… El escenario apenas está 40 centímetros por encima del suelo, lo cual es útil si te quieres subir tranquilamente a hacer fotos o a exigirle a Mitchell que “cante” otra canción más. Por si esto fuera poco, el directo de Eagulls es muy potente, dos guitarras pedaladas, un batería sentado a una altura excesivamente grande y un bajista que recuerda a Dylan Baldi con unos kilos de más nos hacen ver a unos guiris humildes que vienen a tocar lo que les gusta aquí como si estuviesen en su país.

Y es que ayer, entre el genial pogo que se formó, la gente en volandas por la sala, las pintas, y los movimientos constantes e inevitables de cabeza y cuerpo completo parecía que estábamos allí. La postura casi equilibrista de George Mitchell dejaba a la vista su vena marcada en el cuello con total nitidez, su amarga y grave voz rasgaba como otra guitarra distorsionada más la sala que se movía al ritmo de la batería que parecía de Warsaw. Costó un poco cogerle el punto a su estatismo, a veces teníamos la sensación de que se tenía que poner a bailar como el mismísimo Curtis, pero con la llegada de Yellow Eyes y Tought Luck el público se soltó y la noche se volvió  muy especial

Es un placer ver a este tipo de bandas británicas del estilo por nuestro país, Savages, Joanna Gruesome o esperemos pronto, Merchandise, están trayendo de vuelta una cultura que aguantó poco pero que fue muy importante en Inglaterra, aquella creada por Joy Division y continuada por New Order y sus miles de hijos, que parece que resucita siempre, volviendo a traernos una época tan oscura como bella. La única queja que se puede sacar de anoche es que el set del grupo principal sea literalmente más breve que el tiempo de espera en la sala. Por lo demás, otra estupenda noche en la Sala Sol con Son Estrella Galicia.