Diecinueve recuerdos de Maga y otras historias. Concierto.

Los celestes. Eran, o son, los más fieles seguidores de Maga. Un Maga reiventado. Con letras más directas, más constumbristas y ochenteras, alejadas un poco del universo inicial, la prosa en verso, la Maga de la Rayuela de Cortazar. Ese Maga inicial que dió al mundo tres discos de homónimo nombre, diferenciados por colores: blanco, rojo y negro, en las que firman y suscriben varias de las canciones más grandes creadas en español. Obviando generos.

Los Maga de este sábado en la sala Karma de Pontevedra derivaron a terrenos más rockers, zapatos incluidos, al origen de todo esto: guitarra, bajo, batería y teclados (a veces dos guitarras).

El cambio periódico del nivel del mar, producido principalmente por las fuerzas gravitacionales que ejercen la Luna y el Sol ha provocado una versión con más guitarreo, más cruda, más oscura, sin programaciones, con guiños a radio futura y a los ochenta revisionados, y sacando a pasear sus perlas bonitas cuando ellos quieren.

Como sabemos Maga mantiene a Miguel Rivera (cantante y guitarrista) y al brutal Javier Vega (bajo), incorporando a Pablo Cabra (batería) y César Díaz (teclados).

Pasarse 15 años de asfalto, girando, tal y como comentó Miguel Rivera, le dan tablas a uno para bajarse del escenario y caminar entre el público, cantando Anabel Lee de Radio Futura a capella entre los asistentes, manejar el ambiente y pedir “un poquito de interasió” al público. También para hablar de las cualidades excelsas del licor café. Un público que lleno la sala y se puso a cantar casi todas las tonadas.

Con Satie contra Godzilla producido por Santi García y Ramón Rodríguez, The New Raemon vuelven al buen camino, a mi entender claro está. Manteniendo la esencia, las virtudes de su pop-rock emocional-original.

Pero. Siempre hay un pero. Y es que joder el pasado es brutal. Enorme. Un muro gigantesco. Diecinueve. Agosto esquimal. Intentos de color. Des-pí-de-te. Astrolabios. Una piel de astracán. Medusa.

Que esperemos que nunca dejen de tocar.Y dormíamos tan juntos que amanecíamos siameses,y medíamos el tiempo en latidos.Y en tus dedos yo tocaba mis canciones,dedos de teclas de celesta.Y tu pulso tamborileaba en mis sienes y muñecascomo diminutas patas de ciempiés,y nos repartíamos los labios y los dientes y el hipo del alfabeto y las impares.