Devin Townsend: felicidad bombástico metalera en Barcelona.

Devin Townsend - Crazyminds.es

Es muy difícil definir el estilo de un genio, de alguien que hace lo que le da la gana pensando en la capacidad que tiene su música de emocionarnos, (entendido esto como llevarnos a través de todo el espectro emocional del ser humano) y no en que estilo plantearnos o en el que desplegarnos su música para sacar más o menos pasta. Devin Townsend, situado más allá de lo que podemos entender como metal estrictamente, es uno de esos pocos genios que tenemos la suerte de disfrutar todos los que amamos la música, situado más allá de lo que podemos entender como metal estrictamente. Sí, toca con guitarras distorsionadas, batería con doble bombo y usa el riff y las voces agresivas como elementos compositivos, pero está bastante alejado de la filosofía “metalica”. Wankcore, o metal pajero para flipaos, como el mismo bautizó en el show, es como podríamos denominar su estilo. Un estilo en que el humor, el infantilismo bien entendido, el llevarnos desde la agresividad a la tristeza para acabar haciéndonos reír con una salida de tono desdramatizadora o motivarnos a la alegría y a la epicidad y a la molonidad catárquica, son lo que siempre ha estado detrás de su manera de componer. Ya desde los tiempos de Punky Bruster o con su visión del metal más agresivo con Strapping Young Lad, sin olvidar la experimentación acústica y sonora de proyectos como sus discos The Hummer o sus óperas rock con Ziltoid como protagonista, esa ha sido siempre su intención. Townsend, además ha sabido rodearse siempre de talento, ya desde los tiempos que fue vocalista de Steve Vai, o a sus recientes colaboraciones con Anneke Van Giersbergen lo que ha potenciado su labor compositiva sabiendo delegar en gente muy capaz y que ha tenido la virtud de hacerle crecer como músico.

Devin Townsend - Crazyminds.es

Con esa filosofía tan especial y que le ha llevado a llenar el Royal Albert Hall en solitario interpretando su Z2 y, tras su último paso en 2015 por la ciudad en el Be Prog Festival, al que volverá en esta edición para tocar íntegramente uno de sus mejores discos, Biomech fruto de su proyecto Ocean Machine, volvía Devin a Barcelona acompañado de Leprous y Between The Buried and Me. Leprous, a los que ya pudimos ver teloneando a God is an Astronaut en el AMFest, siguen pareciéndome un grupo mucho más interesante en disco que en directo. Tienen mucho talento, pero sus composiciones no acaban de llegarme en directo y lo cierto es que la sonoridad de una sala como la grande de la Razzmatazz, con esa peculiar manera de amalagamar el sonido en una bola de ruído indistinguible, tampoco ayuda. Peor propuesta la de Between The Buried and Me, que dejaron mucho que desear con ese estilo de meter notas donde no toca y no dejar espacios vacíos en ninguna canción. Su grandilocuencia y anarquía compositiva dejaron a los americanos al pie de los caballos ,aunque algunos voluntariosos fans intentaran levantar a un más que frío público. Y es que su propuesta encaja más en otro tipo de cartel que entre dos bandas que hacen de la búsqueda de lo épico su leit motiv, mientras que Between The Buried and Me no pasan de ser un grupo de metalcore sin más, al menos para el que esto suscribe.

 

A las 22, puntual como un reloj, llegó el turno del deseado Townsend. Tras la media hora de espera entre conciertos en la que se nos amenizo con su Ziltoid Radio, donde entre bromas Townsend nos hacia de locutor radiofónico de algunas de sus canciones favoritas, apareció la banda con un Devin sonriente enérgico y con ganas de dar un gran show, algo que hizo, sin lugar a dudas. Empezó con Rejoice, lo que sirvió para ponernos a todos a tono desde el primer momento y siguió con Night, de su Biomech, cuyo teclado a mí me supo a gloria y donde Devin ya dejó muestras de que a nivel vocal es un auténtico monstruo, con esos cambios de intensidad capaz de llevarnos a espacios melódicos y rompernos con gritos desgarradores con ese I Think I’m Closer Now. Tras este viaje a su pasado, turno para dos de los temas de Trascendence, su último y espectacular trabajo. La envolvente y épica Stormbending donde su guitarrista, Dave Young, dejó bien claro que no está de comparsa sino que tiene un nivel altísimo, y Failure, para mí el mejor tema de Trascendence, dejó al público coreando todos los estribillos en comunión con la banda. Escuchar a los presentes acompañar el Your Soul del estribillo, o la parte de I won’t fear this, I want to play for the world, All these fears go alone en Failure, sin duda debió mostrar a Devin el interés que despierta su música entre sus fans. De ahí que antes de empezar con Hyperdrive, donde echamos de menos la voz de Anneke, nos lanzara un: “We Try To Be Happy” que reflejaba la sonrisa en su rostro, y en el nuestro, dejándonos a punto para una de sus canciones más felices como es Where We Belong, donde nos hizo a todos balancear los brazos al compás.

Este tema sirvió de punto final a una primera parte del concierto donde los temas vitales y optimistas fueron la tónica. Tras solicitar una guitarra más acorde con el Death Metal que iba a tocar ahora y recibir una fantástica Flying V, capaz de amedentrar a KK Downing y Glenn Tipton, dio paso la parte más dura y oscura del show. Alegando que su música es un viaje emocional, Devin nos llevó a la revisitación de su Planet of The Apes donde nos llevó en un trepidante viaje de puro Death Metal progresivo y bombástico, mezcla de Death y Strapping Young Lad y en el que esperábamos la colaboración de Tommy Giles Roger de Between The Buried And Me como en el disco, pero que al final no se produjo. Tras los 12 minutos de canción, y sin abandonar la agresividad metalera, llegó el turno para Ziltoid Goes Home que acabó con el público poniendo colorado a Townsend al corear su nombre, algo que agradeció pero que no era el momento ya que ahora tocaba Suicide otro de sus temas más densos.

Devin Townsend - Crazyminds.es

Tras esta tríada oscura, momento de nuevo para la luz. Supercrush, de su Addicted uno de sus discos más emblemáticos, volvió a llenar de luminosidad Razzmatazz, con Townsend luciéndose de nuevo a las voces, demostrando su espectacular versatilidad y rango vocal. March of the Poozers nos devolvió a ese divertimento genial que es Ziltoid. Una breve pausa para hablarnos de lo embarazoso que es mearse en el escenario, y Devin volvió a traernos energía, motivándonos para el rock and roll, y a perder la cabeza con Kingdom, uno de sus mejores temas y uno de los que el público más esperaba por lo que parecía al ver la manera de hacer las dobles voces de Anneke. La épica y potencia de este tema nos dejó a todos en extasis, momento que aprovecharon para tomarse un breve descanso riéndose del ritual de los bises, esa chorrada en la que la banda finge que se va y en la que el público grita pidiendo su vuelta como si fuera algo natural y no premeditado. Tras jugar con ese cliché, Devin volvió con su acústica para, sólo ante la sala, tocar Ih Ah, uno de sus temas más tranquilos y sosegados. Y el carisma que tiene este hombre quedó en evidencia con este fantástico arreglo de la canción, en el que aprovechó, incluso, para medio abroncar a alguien que estaba hablando en el público diciendo que estaba intentando ser sensible y hablar del amor, mientras que ahí estaban ellos, pasando de él. Con ese gesto improvisado y divertido se volvió a meter de nuevo al público en el bolsillo, si acaso quedaba alguien que no estaba ya rendido ante el magnetismo de Townsend. Tras ese momento íntimo volvió de nuevo la épica grandilocuente y bombástica con Higher que, como su nombre indica, es el tema más grandilocuente de Trascendence, que se confirma como uno de sus mejores trabajos. Ahora sí, con Higher llegamos al final de hora y media de uno de los conciertos más especiales que he podido ver.

Townsend es uno de esos músicos capaces de hacerte reír, llorar, cabrearte y sonreír de felicidad, su capacidad para llevarnos de viaje a través de las emociones con una virtuosidad técnica asombrosa pero para nada efectista ni epatadora, en la que los momentos de lucimiento están al servicio de la búsqueda de la emotividad, y no al onanismo del guitar-hero, o de la seriedad de un Steven Wilson (otro de los genios que nos quedan). El concierto supo acabar en lo más alto, dejándonos a todos con ganas de más, porque cada uno de nosotros tiene su tema favorito. Temas como Funeral, Deadhead, Universal Flame, Bend It Like Bender, Addicted, Life, etc…Cada uno de nosotros podría configurar cientos de repertorios diferentes y geniales y siempre dejándonos con ganas de más. Es lo que pasa cuando tu carrera es una de las más sólidas y consistentes. Y sí, en un mundo ideal, su música sería masiva,  pero dejemos que Devin Townsend sea nuestro pequeño gran secreto a voces y disfrutemos de su música.