Depedro y su acústica magnificencia en Sevilla

DEPEDRO CONCIERTO

En un formato cercano y acogedor, Jairo Zavala o Depedro, el hombre y la guitarra, llenaron la Sala Obbio de Sevilla el pasado 16 de mayo para dar un repaso sus tres discos de estudio con una, podríamos llamarla, “acústica magnificencia“.

En el concierto del pasado viernes pudimos escuchar al cantautor, al músico despojado de artificios sonoros, el sentimiento reducido a la mínima expresión para desde ahí agrandarlo hasta el infinito, la muestra de lo infalible de lo verdadero, que aunque sencillo crece desmesuradamente, en la cercanía que ofrecía una reducida sala Obbio. Una cercanía real, en la que se podía sentir al músico casi cantándote al oído, que es como realmente se debe, y se siente si gusta de verdad, escuchar a Depedro, música de un hombre con sensibilidad única hecha para sensibilidades únicas. Al revés de lo que se podría pensar, con este formato acústico las canciones ganaron fuerza y sonaron más descarnadas y profundas, alcanzando una magnificencia que, irónicamente, todo un grupo nunca podría haber conseguido: sin aditivos, solo la voz potente de Jairo y el sonido puro de su guitarra acústica para contar algo con la verdad del que te habla de tú a tú.

En este sentido no hizo falta formalidades, y tanto músico como público se fundieron en una instantánea amistad desde el primer momento, que comenzó con los primeros acordes de Como el viento. En estos ambientes íntimos proliferan las historias, no solo las de las mismas canciones, sino también las del músico y las de todas las personas que formaban parte del heterogéneo público, y además parecía que ninguno sentiría vergüenza de contar la suya si llegara el momento, en una especie de confesión, con una confianza que solo la música puede crear. Tras terminar Chilla que tiemble, Jairo contó la historia del título de la canción, surgido de una frase que dijo su hijo en un viaje familiar, y dio paso a la maravillosa Hombre bueno, piedra angular de su último álbum, La increíble historia de un hombre bueno. Es de mencionar la conversión de las canciones al acústico, que aunque ya hayamos escuchado algunas veces en directo se magnifica, dando la sensación de que, lejos de parecer sosas sin la interesante instrumentación que siempre encuentra Depedro, habían nacido para ser tocadas así. La habilidad para la acústica de Jairo (que no es casualidad, dado todo el bagaje del músico) metía al público en cada canción dejándolos embobados con ese sonido cristalino que lo cubría todo.

El recorrido siguió con Nubes de papel, de su segundo álbum, en el que la conversación entre músico y el coro del público que se crea siempre en directo aquí cobra aún más sentido y sirve como metáfora del concierto, pues cada vez que él hablaba el público le acompañaba y  le respondía, ya fuese con palabras, con coros, con palmas… e incluso con bailes. Y es que además de unos momentos llenos de intimidad hubo otros en los que los ritmos más latinos que recorren toda la discografía de Depedro se adueñaban del momento, como en El pescador (“una canción de las de antes“) y en Comanche, ambas en la recta final del concierto. El mismo Jairo no paraba de moverse de lado a lado y de jalear al público dando zapatazos como si se le fuese la vida en ello, animando al público a bailar recordando que “en países sudamericanos si se baila quiere decir que la canción es buena, y si no lo es se tocan las palmas“.

Como el músico no llevaba lista de canciones preguntó al público por la que querían, lo que dio lugar a, sobre todo, peticiones de Diciembre, canción que el músico finalmente dejaría para el penúltimo lugar. La declaración de Te sigo soñando y después La brisa dieron paso a Una vez más, una versión muy diferente a la original por su naturaleza, y Qué habéis hecho, ambas del último álbum. En Tu mediodía siguieron los coros, y después de una pausa llegaron el mestizaje entre el folk estadounidense  y el cancionero sudamericano tan presente en su primer disco con Miguelito, La memoria y Llorona, formando con las tres una de las partes más emotivas del concierto.

A esas alturas lo único que se le podía reprochar al concierto de Depedro era que acabara tan pronto, aunque ello solo puede evidenciar el grado de satisfacción con el que lo vivió el público y, sobre todo, la complicidad que el artista logró con el mismo. Una complicidad que hizo a todos los presentes despedirse de Depedro con la pena con la que te despides de un amigo que hacía tiempo que no veías en el momento en el que, tras anunciar “el título de esta canción es como llamamos en mi familia a los traviesos”, se paseó una vez más entre ritmos con Comanche.

En resumen, su visita a Sevilla fue una oportunidad perfecta para acercarse aún más a la esencia de la música de Depedro, para conocerla mejor a ella, al artista y al sencillo hombre detrás de todas las historias.