Delorean, el futuro es ahora

22 de octubre de 2015, día en que las redes sociales se llenaron de nostalgia, referencias a la trilogía y viajes en el tiempo. Y bastante pesadez, todo sea dicho de paso.

24 horas después, el grupo con el nombre del cinematográfico bólido en el que viajaba Marty McFly aterriza en Madrid para seguir celebrando los quince años de Ochoymedio. Casi quince años son los que también cumple el grupo de Zarautz, que desde que salieron de la costa vasca han viajado más que Willy Fox.

Esta coincidencia en el tiempo quedó reflejada en forma de regalo de las míticas Nike al cantante de la banda, el cual las gastó en la pista de la sala But.

No los veía desde hace unos cinco años, y como en algunas relaciones, no sé si son ellos o soy yo pero esta vez me han ganado más que en anteriores ocasiones. No pude llegar a encontrarme con John Grvy, pero se hablan maravillas del madrileño.

Los vascos salieron sin mucha parafernalia, y sin mediar palabra, empezaron a hacer lo que mejor saben: mezclar el pop y el rock con la mejor electrónica. De hecho, empiezan a abandonar cada vez más el guitarreo para dar mucho más paso a los sintetizadores.

En seguida calentaron al público, bastante escaso para mí gusto, con su ya mítico Seasun. Y al rato de hacernos mover los pies, te das cuenta de que con Delorean pasa una cosa, y es que si no fuera por su dicción con la lengua inglesa, habría que decir esa desafortunada frase de “No parecen de aquí”.

DeloreanCM2

Haciendo honor a la fecha, viajamos en el tiempo a enero de 2016 con Crystal y Bena, los dos temas que adelantan de su próximo disco; viajamos también en el espacio y la pista de baile se convirtió en un territorio ingrávido en el que lo importante era flotar al ritmo de las sugerentes melodías; recordamos lo mejor de Subiza y Apar; y, al menos yo y mi acompañante, nos enamoramos del ritmazo de Unai Lazkano (teclado). Contagia al público con su buen rollo, contrasta con la pasividad de otros miembros del grupo y se convierte en malabarista con su teclado, el cual también parece perder la gravedad.

De hecho, la parte final del concierto estuvo muy protagonizada por sus sintetizadores, y en más de un momento resultaba increíble que fuese solo jueves a las 11 de la noche.

Fue un viaje en el tiempo y el espacio algo corto, algo más de una hora, pero sin duda los pasajeros que nos concentramos en el centro de la capital podemos sentirnos privilegiados. ¡Larga vida a Delorean!

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