Crónica costumbrista de un Festival Tomavistas

FESTIVAL TOMAVISTAS
Foto: Javier Rosa

Me gustan esas películas en las que no pasa nada. Pasa todo, pasa la vida, pero no pasa nada. No hay una tragedia, un gran evento, un amor desatado. Simplemente pasan cosas, acontecimientos que lo hacen interesante. La gente se mueve de forma natural y habla con su voz. Momentos de calma y momentos de road movie, de cierta acción, de cámara en el hombro. Eric Rohmeur. Eric Rohmeur es la hostia. Hay una serie que estoy viendo, Easy. No hay un argumento, no hay unos actores principales, ni secundarios y en cada capítulo pasan cosas que te atraen. Un Festival puede ser algo así. Más allá de la música, e incluso en la música, en los conciertos pasan muchas cosas, más allá de la música e incluso en la música, en los conciertos. Bucles. No sé si me explico. No es necesario. Nunca es lo mismo, hay cosas parecidas, pero nunca es lo mismo. Nunca es lo mismo. Me gustó Aquaserge y Quentin Gas y Los Zingaros. Me jodió. No es la palabra, me encantó que viniese ella. En los festivales siempre pasan cosas, hay un chico vestido de bombero que se reflecta en la noche, estilismos arriesgados, nuevos pelos de colores, nuevos colores de pelos. Hay niños, padres, nuevas familias modernas o la misma familia de siempre pero en un festival.

En el Festival hay un jodido stand de Channel. ¿Por qué? ¿Qué lo motiva? ¿Que hace ahí? En fin. Hay servicios, pero no hay un lugar donde lavarse las manos. En algunos sitios no dan servilletas. La comida es buena. La comida sabe bien. Es buena. Me gusta. He probado varias cosas: brasileño, hamburguesas, calamares. Muy bueno. Molan los niños correteando, con sus putos cascos, bailando y con camisetas mejores que las tuyas. Se está bien en el parque. Se está bien. Los árboles. El anfiteatro. Habría que hablar de los grupos. Creo que habría que hablar de los grupos. Bien.

La gente se pierde los grupos del comienzo y eso no es bueno. No es bien. No lo es. Y yo a veces también. Pero no quiero, no querría. No fue mi voluntad. Llegué sonando White Bats. No pude ver a Holy Bouncer que es un grupo que suena y sonará mucho. Más allí que aquí. Me gusta su neopsicodelia. Nos acomodamos y Los Bengala ya sudan y golpean la batería como si se le fuera la vida en ello. Camisetas de leopardo, versiones de Niño Gusano. Son bien. El dúo maño hace que se produzcan los primeros bailes mientras hablan con la gente de las primeras filas. Cosas que me han gustado mucho, no me repetiré más de dos veces: Quentin Gas y Los Zíngaros. Los de Sevilla y su psicodelia gipsy, occidental, oriental. Farfisa. Te hacen cerrar los ojos y dejarte llevar por terrenos inescrutables. Luego Los Nastys haciendo lo de siempre. En el escenario grande. Vamos fatal y no tocamos una mierda. Y me gustan, que conste. Pero bueno. En el escenario pequeño Aquaserge. Otro ejercicio libre de música, folk, con ritmos africanos, riffs metaleros y base rítmica poderosa. A-Q-U-A-S-E-R-G-E. Nada más que decir. Hablemos de The Big Moon, son una banda del momento. No tocan mal. No me dicen nada. De nada.

Schwarz es una banda de culto. Es una jodida delicia. No apta para todos los gustos pero el drone-psicodelico es oxígeno para el alma. Lori Meyers llenó el escenario grande, como todos sabíamos, dejándose guiar por las canciones-himnos que saborea el respetable moviendo sus cucus en 4 x 20.  Luego el trap, luego C. Tangana y compañía, saboreando su mejor momento. Golfdfrapp estuvo bestial. Bestial. Enorme. Brillante, enfundada en plata. Baile. Baile. Amor. Ella dice “Aamooo”. Dice varias “oes”. Svper fue otra de las buenas sorpresas del festival, anunciando nuevas canciones con sus habituales sintetizadores analógicos pasados por cinta. Deseosos de lo nuevo. Oscuridad bailable. No nos fuimos sin bailar con Hercules and Love Affair.

Día 2. Rescatar Cala Vento. Alien Tango. Kokoshca, tras el susto de su baterista, volverán el año que viene. Las Odio, bien. Los Punsetes, bien. Ariadna hizo la efigie sobre un vestido de cola impresionante. Sonido bien, saltos bien. Mourn, tocan bien. Ellas saben tocar. Son los retronoventas. Suenan bien. León Benavente, bien. Su directo es muy acojonante. Bien. Rescatar: Baywaves. Escuchar más. Todo lo que toca Foehn es oro. The Horrors, “pssa”. Sin más, esperemos que el nuevo disco los haga renacer de sus cenizas. Aries es amor. Me gusta. Al jefe le carga. Temples, bien, mejor sonido y actitud que The Horrors. Delorean debería haber sido el final del festival. Suena muy bien y te hacen moverte. Es un grupazo, por mucho que el último disco no haya golpeado tanto como los anteriores. Enseñaron alguna canción nueva. Suuns es una maravilla. Una extraña apuesta del festival para cerrar. Hubiese sido mejor un poco antes. Electro oscurete, con slowcore.

Eres más visible hoy, dijo ella. El cielo es otro anfiteatro. Hay un anfiteatro físico en el que varios grupos lo llenan de música y hay otro ahí arriba. A veces puedes dejar de mirar el escenario. Dejarte caer a la hierba y mirar. A veces te olvidas de mirar el cielo. De perderte, de relativizar todo esto. Es verdad que está ella y que sus ojos amarillos hacen mejor la jodida puesta de sol. Pero que más da. Ella te contará que a la mierda que sí, que damos el paso mientras Airbag suenan canciones de amor de domingo y una versión de Los Planetas. ¿Mi hermana pequeña? No lo recuerdo. Ella te vuela la cabeza. Pero todo es inestable y efímero. Anota. Que ella viniese sin avisar. La inmersión en los conciertos solo es brutal. Siempre que conectes. Ver todo el festival solo no es recomendable en estados carenciales de salud. Ver al jefe y a junior siempre está bien. Junior hace placajes y le gustan Atención Tsunami, Morgan, y Enric Montefusco. Y baila moviendo los brazos. Es genial junior. Muchos niños en el festival. Quería ver a Pavvla, pero no llegaba. No llegué. Y es una delicia escucharla. Me gustaron los mismos que a junior. Atención Tsunami despertando a todos con subintensidad, Morgan embelesando con su voz y Enric Montefusco y banda bajando del escenario y gritando Todo para todos.

Esta noche mando yo, mañana que mande quien quiera. Es una frase de Quentin Gas, de una canción flamenca, que por lo que sea se reproduce en mi cabeza; sin llegar a hacerse del todo realidad.

Jeremy Jay con un formato de banda sintética, sin batería, con caja de ritmos y varios sintes. Me gustó aunque no era la hora. Bajamos el ritmo. Dani Llamas con guitarra acústica salvando la caida de Triptides. 👌

Fuckaine y sus irreverencias. Bailes con huevo sacado con los de Alien Tango. Party rock. Britney Spears- pogo-pop. Polock y su belleza pop-rock-funk. Delicia. Airbag. En Airbag me cambió la vida. L.A. despidió el festival. 

Y para terminar, grandes preguntas de ayer y hoy. ¿Qué se puede hacer para que la gente venga a los conciertos de primera hora?

Ah, por cierto, no entiendo lo de los tuents (la moneda oficial del Tomavistas) y el funcionamiento de los cambios. Y se notó no haber hecho el domingo gratis como el año anterior, pero bueno, ese es otro tema. El Festival, que al menos es una apuesta diferente y bastante disfrutable, tuvo más gente, más nivel de bandas y el sitio es bien. Creo que aún busca su identidad. Su forma de encajar las piezas, pero va caminando y creciendo. Volveremos.