Chuck Prophet, el corredor de fondo del rock&roll

Fecha: 7 de Mayo de 2012

Lugar: Sala Sol (Madrid)

A sus 48 primaveras, Chuck Prophet todavía tiene que luchar por llenar un escenario como el de La Sala Sol, calentar el ambiente para que la gente que un lunes acude a la plaza madrileña se sienta como en casa. Y es que el viejo oficio del rock&roll todavía no ha dejado ser eso, un oficio, para el veterano músico que un día decidió dejar su pueblo natal para instalarse en el San Francisco de la década de los ochenta. Ya se sabe, corren tiempos difíciles para aquellos que todavía sienten pasión por su trabajo.

Y Prophet es uno de ellos sin duda. Sino sería difícil de explicar como tras más de una veintena de referencias editadas puede llegar Temple Beautiful, un álbum luminoso, que mantiene ese idilio del artista con el estribillo, con el rock con pegada. Quizás parte de culpa la tenga el hecho de que el disco esté dedicado por entero a sus ciudad de acogida, a sus calles y sus gentes, a esas esquinas en las que Prophet descubrió lo que vale un buen riff de guitarra.

Parece que el rockero aprendió bien la lección porque en Madrid le bastaron tres canciones para sacar a la palestra toda la artillería pesada a base de guitarrazos. De un plumazo los más despistados giraron la cabeza en busca del escenario. Momento perfecto para empezar a desplegar las virtudes de su último álbum. Empezando por Play That Song Again, la canción que abre el disco y que, en directo, peca de fiereza, de exceso de decibelios.

Sería este uno de los pocos traspiés que se le pudó achacar al concierto de Prophet. Con la veteranía por bandera, el artista aprovechó los momentos en los que echaba mano de su repertorio antiguo para sacar sus galones de rockero “vieja escuela”, criado en los mejores bares y clubs. Pero también de baladista con canciones como Would You Love Me, en las que demuestra que el traje de Tom Petty le sienta de maravilla. Una melancolía sentida que tuvo su contrapunto en esa interpretación especialmente inspirada de Summertime Thing, con una coda final que se encarga de elevar por encima del suelo al público.

Entre medias el cantante repasó buena parte de su nuevo y sobresaliente álbum. Allí sonaron Castro Hallowen (dedicada al barrio gay de San Francisco), The Left Hand And The Right Hand (dedicada a todos los hermanos, incluidos Noel y Liam Gallagher) o esa Little Girl, Little Boy cantada a dúo por Prophet y su mujer. También White Night Big City, I Felt Like Jesus (estribillo pegadizo incluido) o Willie Mays Is Up Beat, que solucionó los titubeos iniciales en la voz de Prophet con un final brillante y virtuoso.

Y es que si existe algún pero en la puesta en escena del artista es ese derroche de energía que termina por empañar la naturalidad de sus canciones. Elementos como esa guitarra de dos mástiles, los solos de batería o esa a ratos innecesaria demostración de talento a las seis cuerdas, bien podrían haber sido obviados por un Prophet que convence y disfruta cuando la canción se mantiene en los huesos, cuando lo único que tiene que hacer es caminar con paso firme hacia estribillos como Temple Beautiful (cantada a coro con el público) o For You (versión del primer Bruce Springsteen). También cuando se acuerda de San Francisco recuperando el éxito de los Flamin Groovies, Shake Some Action, una de las bandas con más solera de la ciudad. Con ella llegaba el final de la velada.

Como si quisiera volver a poner en marcha el coche para perderse en la inmensidad del desierto, Chuck Prophet se despidió de Madrid con una pieza de surf-rock árido y fronterizo. Desde el fondo de la sala Fernando Pardo (guitarrista de Los Coronas) asentía. Todos contentos. Chuck Prophet con una sonrisa en la cara y una muesca más en el camino. El público por una nueva noche de rock&roll callejero, de esas que llenan el espíritu en estos tiempos en los que, a veces, sólo nos queda cobijarnos en la música.