Charlotte Gainsbourg: la diva de papá

Fecha: 27 de Junio de 2012

Lugar: Teatro Circo Price (Madrid)

Al igual que la diabetes y la alopecia, la clase y el talento tienen mucho de genético. La niña de Serge Gainsbourg y Jane Birkin paseó su embriagador aroma por un Circo Price a medio gas, con una gran parte de su aforo tapado con lonas. Cosas de la Eurocopa. La solución era sencilla; concierto + smartphone, en caso de poder costearse uno. El sufrimiento que suponía mirar la pequeña pantalla de ese artilugio del demonio se desvaneció en cuanto apareció Charlotte. La atmósfera que genera el Price en sus buenos días eclipsa incluso a la Roja.

Precisamente un juego de luces y sombras rojas inundó la sala cuando apareció la diva del Pop francés. Una atmósfera placentera y extraña te envuelve. Ella de blanco y descalza, demuestra una sutilidad y una fragilidad impropias de cualquier mujer que hayas conocido. Es otro mundo. Un mundo onírico que su voz te inserta en el cerebro. Conan Mockasin, el responsable de su banda, tiñe de psicodelia vanguardista la sensibilidad de la francesita. Sonidos irreales que te reconfortan y un comienzo digno de la oleada del ácido en San Francisco, con Terrible Angels y Greenwich mean time avisando de que no será un directo más.

Los acordes sofisticados de la banda de la Gaingsbourg provocan movimientos suaves en la vocalista. Más dignos de una Geisha que de una cantante de Pop. Sentada sobre un taburete o en el suelo, caminando grácilmente o ironizando sobre su principal rival de la noche: el fútbol. El concierto transcurre en un caos armónico, más parecido a un trabajo de estudio que a un directo. Música nítida, sin altibajos, poco a poco la ternura se apodera del público de todas las edades presente en el Circo, que se siente perturbado por aquellos sonidos que tantas mentes abrieron en los 60.

Repaso a su último disco y pinceladas de su carrera; Me and Jane Doe, All the Rain, Got to let go, Heavem CanWait, Don´t forget to forget me o Song That we sing. La pasividad a lo Serge Gainsbourg de su retoña no consigue esconder su inmenso talento musical. Cada canción es un ejercicio de virtuosismo vocal, de carisma, de fragilidad y una prueba de su versatilidad como percusionista; desde la batería al xilófono. Éste último muy presente en la parte final del directo, crea un aura de intimidad, que me sobrecoge. Una sensación de creatividad sobrevuela el Price y tras poco más de una hora se retira por primera vez. Los acreditados sabemos que es de pose – ¡Gracias Charlotte/Circo Price por el tracklist!-.

Sucede algo curioso, división de opiniones en el público en los bises. Entra Pedrito por Xavi. La gente se impacienta porque España va camino de la prórroga y promete ser histórico. No obstante, la diva vuelve y nadie se mueve. Apuesta por la sensibilidad y se despide cerrando un directo fantástico muy acertado, con Memoir, Pour ce quetu n´etais pas y Paradisco. Ovación y prisas para llegar a ver los penaltis. Mientras me pego un carrerón bajo 35º, aún sigo procesando la maravilla artística que acababa de presenciar. El de una diva cercana que te regala su mundo sofisticado y frágil, que como cualquier ecosistema se debe proteger y valorar en su justa medida. Un universo que se transforma en un viaje al pasado más sofisticado a través de una banda que parece sacada de alguna realidad paralela. Charlotte, la diva que merece esa distinción. Lástima que se encontrara con un Price medio vacío. Son las cosas del fútbol, que nos hipnotiza y nos da alegrías sin freno.