Calexico, viaje de de ida y vuelta al otro lado de la frontera

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Mientras me adentro en la sala reconozco los acordes que suenan desde el escenario. El espíritu polvoriento de Ry Cooder se cuela entre el público con esa Across the borderline, lema y enseña de la música fronteriza. Podría ser el propio Cooder interpretándola, podría ser Calexico, protagonistas de la velada y herederos directos del californiano y su estilo enraizado. Sin embargo, en el centro de la escena me encuentro con una voz femenina. La guatemalteca Gaby Moreno abre la noche con su propuesta folk. Le acompañan los propios músicos de Calexico que, lejos de cumplir con el trámite, se muestran relajados y generosos junto a la cantante. Me acuerdo por un momento de Laura Cantrell y Carla Morrison, de esos Calexico misteriosos y sabrosos, capaces como nadie de recuperar el viejo espíritu de carretera y desierto, caravana y sol en el horizonte.

Lo reconozco. Los últimos movimientos de la banda de Tucson me han dejado frío. Sus entregas discográficas más recientes no pasan de lo correcto. Se agradece ese intento por cambiar de aires en Algiers o esa tímida experimentación que asoma en Edge Of The Sun. Sin embargo ambas colecciones resultan monótonas viniendo de una formación capaz de firmar crisoles sonoros como Hot Rail o A Feast Of Wire. Incluso en directo, allí donde su propuesta apunta en cien direcciones, el proyecto liderado por Joey Burns y John Convertino ha terminado mostrando su versión más rutinaria. Los que pudimos verles en su última visita a tierras europeas acabamos rendidos a la evidencia: Calexico se han convertido en esa banda amable, capaz de traer a la memoria lo mejor de su producción, pero sin posibilidad alguna de sorpresa.

Escéptico, me acerco a la cita en La Riviera madrileña, segunda y última parada de su gira española. La apertura junto a la mencionada Gaby Romero me hace recuperar la esperanza de ver la mejor versión de los norteamericanos. Algo que se confirma en los primeros minutos del set. Vemos la cara más rugosa y áspera de la banda. También la más bailable en esa Cumbia de Donde en la que llaman al escenario a David, batería de Vetusta Morla. Incluso una canción como Falling From The Sky, roma, excesivamente barnizada en su versión de estudio, adquiere cuerpo y tacto. Demostrando que la banda de Tucson es capaz de firmar canciones redondas sin perder por ello su sello fronterizo marca de la casa.

También, como de costumbre, pintar paisajes áridos y sugerentes sin caer en los clichés de la americana, ese género que muestra en los últimos tiempos síntomas de agotamiento. Una particularmente sombría versión de Black Heart aulla y seduce, confirmando que en su cita madrileña Calexico se van a atrever a tocar todos los palos de su cancionero. Trip-hop, salsa, rancheras, country, boleros, fados… nada se les resiste. Fortuner Teller, del mencionado Algiers, aparece de manera desnuda con Joey Burns a solas con su guitarra. Coayacán se convierte en una fiesta provocando el enésimo sofoco en el público de La Riviera. Roka devuelve a la banda a los territorios nocturnos y enigmáticos de sus primeros discos.

La guinda la pone una estremecedora versión del Five Years de Bowie cantada por Gaby Romero y por todos y cada uno de los que estábamos en la sala. Ni siquiera una rutinaria interpretación del Corona de los Minutemen o la siempre recurrente Güero Canelo, habitual en el cierre de los conciertos de la banda, logra apartarnos el buen sabor de boca. En casi dos horas de concierto Calexico han mostrado su cara más atrevida y sabrosa, aquella que es capaz de pasar del folk más austero al baile de cuerpos agarrados y sudor en la frente sin despeinarse. Cruzando la frontera entre Estados Unidos y México una y otra vez como si nunca hubiese existido el muro que los separa.