Bulldozer Arrolla Zebra: Tiger Menja Zebra y su Súper Ego (en directo)

Lugar: La[2] (Barcelona)
Fecha: 4 de abril del 2015
Promotora: Sala Apolo, ciclo Caprichos de Apolo

El riesgo de gritar alto y fuerte es la tentación de quedarse apegado al medio, el grito, y relegar el contenido a un plano secundario. Todos nos hemos visto seducidos, en un momento u otro de nuestras vidas, al encanto del slogan revolucionario; y hoy en día, cuando el storytelling ha matado el contenido en política, como el vídeo a la estrella de la radio, es peligroso contraatacar en los mismos términos.

Y es que el tsunami sonoro de Tiger Menja Zebra transluce una inquietante dislocación entre contenido y continente: este último arrollador, angular y arisco aunque en ocasiones también lodoso, como si el grupo estuviese centrado sus esfuerzos en explorar toda la textura sonora y no quisiesen dejarse ningún truco, ningún descubrimiento, ninguna bagatela por mostrar al público. Sin embargo, el impacto físico, aunque no es poco, queda sólo en eso, en el impacto. Y no es que la traslación del lenguaje literario al sonoro implique una pérdida de significado a priori, pero requiere hilar mucho más fino para no quedarse sólo en la visceralidad.

El concierto fue la puesta en escena del segundo largo de los vallesanos, Súper ego (Music or Nothing, 2014), así tal cual: disco conceptual y espectáculo conceptual, sin ni siquiera una vista atrás al pasado de Com començar una guerra (Music or Nothing, 2012), una actitud loable, teniendo en cuenta la calidad del disco de debut, y también una declaración de principios, valiente y optimista para lo que acostumbra ser el manido ritual de los conciertos. Tiger Menja Zebra han escorado más si cabe la experimentación dentro del postrock de regusto industrial hacia un techno hiriente, domado en lo rítmico pero salvaje y peligroso en lo melódico. L’odi és una altra forma d’amor dejó bien clara cuáles iban a ser las coordenadas del viaje al que se invitaba al público: Gustavo Garcia sustentaba con una batería poderosa los cimientos de un edificio alrededor del cual Josep Arnan, Xavi Font y Eduard Novoa se afanaban en alzar las vigas con la electrónica y, ocasionalmente, los más tradicionales bajo y guitarra eléctrica. Un poderoso festín de percursión y groove en el que los componentes del grupo demostraban su maestría en el manejo de las bases y el gusto por el impacto físico, el cuerpo a cuerpo con el público, la estridencia y la muy poco sutil provocación. Formo part d’una societat secreta sería el ejemplo paradigmático de la actuación, un delirio tecnoindustrial sin espacio para la reflexión. Curioso fue, a continuación, el sampleado del Atmosphere de Joy Division para dar forma a la inquietante El poder.

Inmersos en la exuberancia sonora, el mensaje —incluso si, como es el caso, este es la sacudida— quedaba diluido en la provocación y el ruido, entendido no como mayor volumen, sino como acumulación diogénica de ideas y sonidos. Una avalancha de difícil digestión muy signo de los tiempos, de la época de las redes sociales y la dispersión personal y social. En este punto cabe remarcar que no por gritar más fuerte el grito llega más alto, y que una mayor dosificación de ideas conduciría a una experiencia mucho más impactante. A veces no es la potencia, sino el ángulo, el factor que propina el golpe más demoledor. Y talento no les falta para ello.