Blood Red Shoes: dos son multitud

Fecha: 15 de noviembre de 2012

Lugar: Sala Copérnico (Madrid)

Fotografía: Laura P. Calle

Hacía ya más de un año que el dúo formado por Laura-Mary Carter y Steven Ansell no pisaba Madrid para uno de sus apabullantes conciertos, siendo la última el verano de 2011 con motivo del Dcode Festival.

Esta vez el lugar elegido fue la Sala Copérnico, el cual, a pesar de no llegar a llenarlo, desmerece a un grupo con tres trabajos más que notables y algún que otro himno. Puntuales a la cita comenzaron a atronar canción tras canción. It’s Getting Boring By The Sea abrió la caja de pandora a la que continuaron Don’t Ask y Keeping It Close. Si bien el sonido al comienzo no fue todo lo deseable que podría quererse, finalmente se redondeó. Paradójicamente el ambiente se caldeó con Cold, canción de su último trabajo In Time To Voices. Y es que al fin y al cabo de eso se trata, de promocionar tu nuevo trabajo.

A medida que pasaban los minutos, Steven aporreaba con más fuerza y vigor la batería, a la vez que Laura conseguía disimular su timidez a base de coros y guitarra. Las nuevas canciones fueron recibidas con gran entusiasmo, algo que quizá pueda sorprender, pero el público así lo hizo notar cuando sonaron Lost Kids o In Time To Voices. Sin embargo, uno de los puntos más álgidos de la noche fue cuando sonaron las primeras notas de Heartsink o Colours Fade temas de su anterior trabajo Fire Like This, que cerró el concierto para dar paso a los bises.

En ellos, sorprendieron tocando The Surf Song, una canción instrumental de apenas tres minutos donde ambos cambiaron papeles demostrando desenvolverse con mucha soltura en instrumentos diferentes. La noche se cerró con I Wish I Was Someone Better, su hit por excelencia, donde la gente desató la locura desde los primeros acordes, para acabar con Je Me Prends, oda al punk rock más salvaje.

Después de poco más de una hora, acaba uno con la sensación de haber recibido una poderosa descarga de garage-rock y de haber soltado toda la adrenalina posible. En ocasiones, no son necesarios grandes escenarios ni demasiados miembros en una banda para hacerte explotar musicalmente hablando.

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