Black Mountain y su viaje a unos alucinados 70

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1 de abril de 2016.
Sala Bikini (Barcelona).

Últimamente hay una palabra que se lee mucho en la prensa especializada y las redes sociales: El término psych rock. Etiqueta que aglutina ese rock psicodélico y fundacional de los 70, del cual salieron multitud de vertientes en campos más extremos como el heavy metal o hard rock, y en formaciones que han adoptado esa fascinación por las estructuras repetitivas y los teclados atmosféricos moviéndose por terrenos más ambiguos.

Ese es el caso de Black Mountain, que nos visitaron en gira el pasado fin de semana y que tuvimos oportunidad de verlos en la Bikini de Barcelona. Y nos encontramos con una banda confiada, con un bagaje de giras y festivales importante, y con la seguridad de lo que tienen entre manos: Sus cuatro discos son una buena muestra de cómo jugar dentro del rock psicodélico y tocar tanto la modernidad como lo clásico, los riffs pesados con melodías más cercanas al pop-rock.

Con su recién IV estrenado hace nada, abrieron las noche con temas de éste y con una acogida del público muy buena. Está claro que el efecto “filtraciones de Internet” hace que los temas estén al alcance de todos mucho antes de la salida oficial del disco. El sonido fue impecable, con un equilibrio prodigioso entre los matices y los decibelios, con un Stephen Mc Bean titánico tanto a la voz como a la guitarra, Amber Webber con su trémula voz, los teclados de Jeremy Schmidt y el impresionante trabajo de Joshua Wells en la batería era la perfecta muestra de lo que es una banda compenetrada y segura de sí misma.

El concierto del viernes pasado fue de esas ocasiones en que te das cuenta que la banda ya tiene un repertorio envidiable con temas que se han quedado clavados en nuestro cerebro, sobre todo los más coreados por el público, los que corresponden a su celebrado In The Future que los consagró: Stormy High o Tyrants sonaron ya a clásico.
Curiosamente, el clasicismo parece ser que será la dirección en el que la banda se encuentra en estos momentos, ya que el setlist del concierto ninguneó su disco anterior Wilderness Heart, sólo tocando el tema que da nombre al trabajo, posiblemente su disco más irregular y que en su momento pareció que era el paso de Black Mountain hacia los terrenos más indie con unos singles coqueteando más con el pop-rock que con la psicodelia. Si a algunos nos preocupaba dónde podía llegar este giro, nuestras preocupaciones se disiparon ante la propuesta puramente setentera con la que nos obsequiaron.

Nada más que celebrar pues ese paso más allá hacia el psych rock clásico, olvidando esos devaneos de cuadrarse dentro del hipsterismo. Se agradece el despunte. Preferimos barbas largas y canosas que Raybans de última colección y skates, que de eso ya hay demasiado. A disfrutar pues del dulce momento de una banda en estado de gracia y solera, con sus dotes para la experimentación, y sus temas de 8 minutos llenos de cambios de ritmo y perfecta ejecución.