Black is Back: exuberancia y nostalgia negra

Black is Back en Madrid
Black is Back

Pasaba la medianoche del sábado cuando Swamp Dogg y sus 72 años lanzaban su incansable lamento en Got a get a message to you por todo el Matadero de Madrid. Con ropa holgada, chándal blanco y gorra con su nombre bordado, Dogg se levantó con mucho cuidado, dejando su bastón junto al piano, y salió con lentitud del escenario mientras la música continuaba bajo los aplausos. Pero no era una despedida. Algo se movía entre bambalinas y, de repente, Dogg apareció por un lateral de la pista para mezclarse con un público entre maravillado y atónito. A partir de ahí fueron diez minutos de paseo, siempre con el micrófono en la mano, siempre gritando ese emocionante “Hold on”, siempre rodeado de caras sonrientes y desconocidas que le estrechaban la mano, que disparaban mil fotos, que le jaleaban y que no podían creer el imborrable recuerdo que el Black is Back les estaba regalando.

Quizá fue este el momento culminante de un fin de semana sensacional de música negra, en el que se mezclaron la nostalgia y los nuevos valores de muy diverso tipo y en el que Black is Back confirmó que es un festival quizá modesto y pequeño en dimensiones, pero admirable y sobresaliente en su defensa de la exuberante tradición negra.

– Viernes

La fiesta había comenzado el día anterior y nos perdimos a Setenta, el grupo francés de fusión latina, y nos lamentamos mucho de llegar casi al final de Freedonia, cuando su vocalista Maika Sitte, con un deslumbrante vestido rojo, se desgañitaba con Heaven bells y acababa el concierto de rodillas. Hay que marcar muy de cerca a esta formación de diez músicos con base en Madrid y un amor sin límites por el soul más intenso.

A la británica y elegantísima Gizelle Smith le tocó servir la necesaria ración de funk del fin de semana. Cumplió con creces. Con un tono muy sofisticado y contemporáneo, Smith ofreció un show muy entretenido, rítmico y estilizado gracias a temas como Working woman, la muy festiva June y una sorprendente versión funky de Another brick in the wall de Pink Floyd.

Pero la noche del viernes era, ante todo y por encima de todo, la de Martha Reeves, leyenda viva y “reina de la Motown”. Con un vestido de dorado brillante, flor roja en el pelo y flanqueada por sus hermanas, Reeves afrontó su formidable legado de música soul aunque, ay, a veces se trató más de un brindis a la nostalgia que de un concierto extraordinario.

Pero el público aceptó la jugada, como que la voz de Reeves flaqueara en ocasiones (más de 70 años lo justifican) o que la banda siguiera como pudiera los caprichos de la diva. Salvado eso, por momentos pudimos vislumbrar las lujosas e inmaculadas producciones del sello de Detroit con canciones como Nowhere to run. Mucho más romántica con Dancing slow, la cantante invitó a que el público bailara por parejas y alguno quizá miró a la luna llena suplicando un conjuro de amor. Hubo también versiones de The Jackson 5 y The Beatles en un repertorio marcado (¡cómo no!) por el fuerte carácter de Reeves, quien no dudó en aleccionar y regañar a los miembros de su banda cuando ello lo requería. El final de fiesta, con la arrolladora (Love is like a) Heat wave y, por supuesto, el clásico Dancing in the streets, dejó un buen sabor de boca y la sensación, siempre satisfactoria, de haber visto a una leyenda sobre el escenario.

– Sábado

Con varias camisetas y bufandas del Atlético entre el público (no olvidemos: el Matadero está en territorio colchonero), The Allnighters traicionaron a su nombre para arrancar en el atardecer una jornada en la que el protagonismo recaería en las voces masculinas. El grupo vasco, con una larga trayectoria en el equipaje, tiró de oficio para animar y calentar al público con una buena dosis de rhythm and blues. Con boina calada y la armónica siempre desenfundada, destacó el cantante Iñaki ‘Igu’ García en Midnight boogie o la versión de Big bird de Eddie Floyd mientras se ponía el sol y la noria junto al Manzanares se acicalaba para la postal perfecta del festival.

Con Aurora & The Betrayers llegó la confirmación de lo que muchos creíamos: hay grupos de soul en España que no tienen nada que envidiar a los extranjeros. Poderosísima Aurora García a la voz, con su perfilada melena rubia y sus gritos apasionados casi a lo Janis Joplin, y muy conjuntada y crecida toda la banda y sus perfectas coristas. Una cuidada Take me away o la intensa Ain’t got no feelings triunfaron junto a una soberbia adaptación de King harvest (has surely come) de The Band. Sólo tienen un disco (¡comenzaron como grupo el año pasado!), pero prometen grandes alegrías para el futuro. Una gratísima sorpresa.

“You took my kisses and you took my love”, cantó para arrancar profunda y orgullosa Vera Lee, con 90 años a las espaldas, como si supiera más de la vida que todo el público que la escuchaba con la boca abierta. Apenas podía caminar y tuvo que ser acompañada hasta el piano, pero en cuanto vio las teclas negras y blancas a su alcance casi se lanza de cabeza para seguir el blues del grupo de su hijo Swamp Dogg. No mide más de metro y medio la señora Lee, anciana de pelo blanco e impresionante dignidad, pero su voz y su presencia estremecieron en el puñado de canciones que arrojó a un Matadero en silencio reverencial.

Igual de entrañable y única fue la actuación de Swamp Dogg, quien antes de desfilar triunfalmente entre el gentío ya había hipnotizado con el blues y el soul de su estupenda banda (mención especial para el enorme guitarrista, en todos los sentidos). Temblando mientras cantaba, con un tono más pesado y detenido que en los discos, Dogg dio una lección de estilo y clase y dejó el listón altísimo con una buenísima interpretación de The world beyond.

A Eli “Paperboy” Reed le correspondía una de las papeletas más difíciles: defender su último disco Nights like this, en el que el niño maravilla del revival soul da un controvertido giro hacia el pop más comercial. Al menos, del concierto que cerró el Black is Back no pudo salir mejor parado.

Cada vez más showman y menos músico de la vieja escuela, Reed dejó claro desde el principio que detrás de esos arreglos pop sigue habiendo una inconfundible alma soul. Arrancó con fuerza con WhoHoo y en Nights like this se vio que todo lo insípido y vacío que puede sonar (por momentos) el álbum, se convierte sobre el escenario en canciones más que sabrosas.

Para alivio de todos, Reed ha sabido proteger su incendiario y excitante directo, ese que le ha granjeado una gran fama. Elegante con su traje azul, sonrisa eterna, apasionado y con una voz infalible, el de Boston atacó I’m the satisfier, deliciosa como siempre, la encantadora Tell me what I wanna hear y Stake your claim, uno de los mejores y más robustos temas de sus comienzos. Hubo fiesta, baile, coros, momentos a capela, la banda carburando a toda máquina, el público disfrutando como loco… Un broche excepcional, un concierto sobresaliente que contó con Swamp Dogg en un tema y que Reed concluyó con Explosion, dinamita pura y soul frenético para cerrar el festival casi a las 2 de la mañana con los cimientos del Matadero temblando por última vez.