Black Is Back: el alma universal de la música

Fecha: 26 y 27 de Mayo de 2012

Lugar: El Matadero (Madrid)

Fotos: Javier Muñoz Ortega

Llevamos media vida discutiendo sobre si es mejor el brillo pop de la Motown o el fuego sureño de la casa Stax para que luego lleguen unos defensores de la ortodoxia y la elegancia como los catalanes The Pepper Pots y les dé por juntarse con un artista cargado de nervio como Eli ‘Paperboy’ Reed. O para que unos zaragozanos bautizados como The Faith Keepers sean capaces de juntar sobre un escenario el funk quema-calorías de James Brown con el fraseo profundo de Lee Fields. Si a la escena le añades una cantante madrileña imbuida por el espíritu de la mismísima Aretha Franklin, pero que, cuando se lo propone, es capaz de lanzarse a interpretar baladas emulando a la recientemente fallecida Whitney Houston, puedes hacerte una idea de la envergadura del menú dispuesto por el festival Black Is Back para el pasado fin de semana.

Cierto, la cosa iba de música negra, de soul, de rhythm & blues. Pero después de dos días de conciertos en el Matadero, nadie podría decir que esa música nacida en el corazón de Norteamérica no es ya un lenguaje universal. Ahí tenemos a la inagotable cantera británica, brindándonos cada cierto tiempo un soul-man con planta y clase. El último, James Hunter, que a su paso por Madrid pareció rejuvenecer de un plumazo una década. Su música, con un pie en el soul y otro en los ritmos caribeños, deja ese aroma a madera añeja. Con un repertorio un tanto plano, a pesar de presentar nuevas canciones, el inglés dio una lección de cómo dar en la tecla perfecta para pasearse por el rhythm&blues, el groove y hasta el rock&roll con el mínimo esfuerzo.

Fue de los pocos que optaron por este camino. La música de origen negro, grandilocuente, siempre fue muy dada a los grandes dispendios instrumentales, a los escenarios repletos de músicos dispuestos a llenar la sala de ritmo. También a la camaradería y a la mezcla de artistas. Con esas premisas apareció Lisa Kekaula, cantante de The Bellrays, que juntó para la ocasión un combo formado por miembros de The True Loves, The Solution y Watch Out, al que se les unió el propio Bob Vennum, guitarrista de la formación de la artista. Fue este último el encargado de poner el picante en un concierto que recurrió a grandes clásicos (Etta James, The Staples Singers) y a referencias menos conocidas (Ann Peebles, Chaka Khan), para finalizar en lo más alto con una revisión de In The Basement que no habría desentonado para nada en un concierto de The Bellrays.

Antes habían pasado por el escenario los veteranos de la escena local Watch Out, que destilaron una buena dosis de funk electrizante a primera hora de la tarde. Tras ellos los granadinos Al Supersonic & The Teenagers demostraron que reggae y soul son hijos del mismo padre, provocando los primeros sofocos entre el público con canciones como It Must Be Love, Mercy Mercy o ese Stand By Me plagado de adictivos coros. Suculento aperitivo antes de la llegada de Juan Zelada, músico madrileño que ha visto como en los últimos meses ha comenzado a hablarse de él en nuestro país tras muchos años pateándose los garitos londinenses. Su formula a base de soul, aunque con hechuras pop, entra ligera y festiva. Sobre todo cuando el cantante se pone a la teclas y tira del público hacia arriba. A pesar de ello, los problemas de sonido terminaron por desdibujar un repertorio lleno de canciones frescas y listas para triunfar en el hit-parade del soul.

Los que venían con un saco de éxitos eran The Impressions, verdadero atractivo del fin de semana. Con más de cinco décadas a sus espaldas, la legendaria formación de Chicago se presentaba por primera vez en Madrid, incluyendo a dos de sus miembros originales. No estaba Curtis Mayfield, de cuyo fallecimiento se cumplen trece años en Diciembre, sin embargo hay que decir que el trío sigue manteniendo el alma intacta. Era cerca de medianoche cuando los tres cantantes, ataviados con sendos trajes sepia, pisaron el escenario del Matadero para ofrecer una actuación en el que no faltaron clásicos de los sesenta como People Get Ready, Gipsy Woman, I’ve Been Trying, Keep On Pushing o I’m So Proud. Caramelos de pop-soul llenos de encanto. Candidez al servicio de una música hecha para llenar los oídos más nostálgicos. Pero también a los más ávidos de ritmo y energía. Superfly, tema titular de la película de los setenta, sirvió de recuerdo a la figura de Mayfield y marcó el inicio de una parte final hecha para el lucimiento de una banda de músicos formada por los Pepper Pots y ese perfecto maestro de ceremonias que responde al nombre de Binky Griptite, guitarrista y director de una de las mejores formaciones del soul actual: The Dap-Kings.

Fue el epílogo a una noche que dio pasó a una segunda jornada protagonizada por los grupos con más descaro del cartel. Empezando por unos Freedonia soberbios, a pesar de haber sido relegados a un horario tan poco dado a los bailes como las cuatro de la tarde. Les siguieron unos que sí parecen estar más acostumbrados a los rigores de la hora de la siesta. Los sevillanos La Mula Jamband conectaron su deje sureño con un funk salvaje de grandes desarrollos. Si los Allman Brothers se hubieran caído en la marmita del soul bien podrían haber terminado coincidiendo con estos andaluces de pelo en pecho y armónica, de rhythm&blues acelerado que solucionan la falta de rodaje con toneladas de gracia de barrio. Las aceras de Chicago y Sevilla nunca estuvieron tan unidas como en ese In The Guetto.

Aunque para descaro el del veinteañero Eli ‘Paperboy’ Reed. Dicen los que saben que el cantante de Boston ha perdido por el camino parte de la descarga eléctrica que provocaba su primer disco. Para más inri acaba de publicar un EP a la limón con The Pepper Pots, representantes del mejor sonido Motown. Fueron ellos los encargados de calentar al ambiente antes de la llegada del cantante de tupé al escenario. Sin duda, lo único que se mantuvo en pie durante la hora que estuvo Eli sobre las tablas. Sólo él es capaz de desmelenar a unos Pepper Pots siempre correctos y elegantes, con un trío de voces que trae al recuerdo los discos de las Supremes y que sirven de perfecto contrapunto a un Paperboy desbocado. Especialmente cuando se libra de su guitarra y se marca el momento Otis Redding de la noche. El artista preparó un menú con canciones de su propio repertorio (The Satisfier) y versiones (Take It Like A Man, Don’t Mess Up A Good Thing) para terminar con un I’ll Be Your Servant en plan gospel con los diez músicos catalanes en círculo. Perfecto cierre para un fin de semana lleno de alma y buena música.