BIME Live 2017: Variedad sensorial

Texto con la ayuda de Luis López-Areal y fotos de Tom Hagen y Óscar L. Tejeda.

El último fin de semana de octubre se ha convertido en una de las citas musicales más notorias del año. La feria y congreso del sector musical BIME atrae a productores, directores de festival, artistas y un largo etcétera de trabajadores del mundo sonoro. Además, la ciudad de Bilbao se llena de conciertos durante cuatro días. En primer lugar la programación paralela y gratuita denominada BIME City, en la que en 8 salas diferentes se acogieron actuaciones de pujantes bandas internacionales y nacionales. Por último, el BIME Live, festival bajo techo dividido en dos jornadas que cierra por todo lo alto el acontecimiento.

Precisamente del Live hablo aquí, por donde han pasado 23.700 personas según los datos otorgados por la organización. Más de 8.000 personas acudieron el viernes 27 de octubre; mientras que 15.000 almas llenaron los pabellones del BEC de Barakaldo el sábado 28 de octubre. En ambas citas pudimos disfrutar de un ecléctico cartel dominado, eso sí, por la electrónica más cañera.

Viernes 27:

Abrimos boca con la actuación de Pablo Und Destruktion, marcada por la baja del bajista, al que le dedicaron una de las canciones del show. El rock con tintes de americana del cuarteto gustó a los pocos presentes, dejando momentos de elegancia en Puro y ligero o PowderPoco después, llegó el turno de la marching orchestra Meute. Once músicos versionando al unísono, con instrumentos de viento y percusión, populares temas electrónicos de deadmau5, Laurent Garnier o Âme. Supieron mover al público desde el primer momento, ofreciendo un buen calentamiento para el gran reclamo del día.

 

El dúo británico Royal Blood volvía a tierras vizcaínas, tras su contundente paso por el BBK Live unos meses atrás. En está ocasión, con su nuevo disco mucho más rodado, se limitaron a seguir el mismo guión de Kobetas, incluyendo alguna novedad. No en vano, eran los cabezas de cartel de la jornada, y disponían de un mayor tiempo para exhibirse.

 

Comenzaron algo fríos, pero fueron cogiendo ritmo con temas de su debut. Come On Over o You Can Be So Cruel engancharon a la gente. Acompañados de dos coristas al fondo del escenario, dieron sensación de meter demasiadas pausas a un concierto que bien podría haber durado menos de lo que duró. Dejaron detalles glam en She’s Creeping o Hole In Your Heart, y descargaron adrenalina en Loose Change o el hit Figure It Out.

 

 

Los solos de batería de Ben Thatcher destacaron en el repertorio, alentados por el público, que terminó brindando olés a Mike Kerr y Thatcher, antes de fulminar el concierto con Out Of The Black.

Lo de Ride fue totalmente diferente. Con Mark Gardener y Andy Bell llevando el protagonismo vocal, presentaron su último Weather Diaries, hilvanando nuevas con sus clásicos de los noventa. Aquellos dos discos editados en plena eclosión del shoegaze lograron una influencia y un reconocimiento que se mantiene aún.

Brillaron en la canción homónima de su flamante disco y dejaron momentos estelares en Seagull, Leave Them All Behind, Vapour Trail o Drive Blind. Esta última culminada de forma apoteósica con una jam instrumental de las que se te quedan grabadas en la mente. Mágico.

Único fue ver a Einstürzende Neubauten. Los germanos llegaron al BIME en su gira de “grandes éxitos” y pronto convirtieron el escenario teatro en su particular taller de ingeniería. Destacó ese miembro con jersey rojo y gorro que, moviéndose por el escenario como si estuviera en el salón de su casa, cambió de elemento en cada canción. Tubos, bidones, planchas metálicas, cubiertos tirados a través de una manivela… Todo objeto con el que se pudiera hacer algún sonido entraba en los planes de los alemanes.

El bajista, con actitud metalera, marcaba el ritmo en elegantes temas como Sabrina, mientras el vocalista regalaba pequeños chillidos en los que parecía aflorarle un demonio de dentro (The Garden). Casi hora y media de espectáculo en el que regalaron un doble bis y se les vio emocionados por la ovación final. Sin palabras nos dejaron.

Pusieron fin a esta primera jornada los dúos de electrónica Orbital y Kiasmos. Los primeros, elevados por un altar enorme, animaron a la muchedumbre desde las alturas y con unos juegos visuales impactantes. Menos llamativa fue la puesta en escena de los islandeses, pero igual de animada. Mientras tanto cerraban el GAUA las sesiones de Joy Orbison y Jackmaster.

 

Sábado 28:

Teníamos muchas ganas de los canadienses TOPS y no defraudaron. Nos asustamos al llegar y observar que había tres personas pendientes de la salida a escena del cuarteto, pero poco a poco fue apareciendo público. Con la angelical voz de su cantante, desplegaron su pop sintético con detalles R&B. Mucha frescura transmitió el mixto quinteto, con momentos divertidos y un trío final (Diamond Look, Dayglow Bimbo y Way To Be Loved) en el que sonaron de maravilla. Tenían una más programada pero no calcularon bien el tiempo de actuación y fueron “invitados” a abandonar el escenario de forma bastante fría. Una pena.

En el mismo escenario entraban en escena una hora después los “hooligansIDLES. Habiendo pasado también por el BBK Live, estos cambiaron más el guión, aunque repitieron bromas sobre The 1975. Tres piezas nuevas fueron incluidas en el setlist (Rottweiler ya la tocaron en Bilbao), alimentado por el salvaje y aguerrido post punk de los de Brighton. Se nota que lo pasan bien en directo, dando espectáculo desde el primer momento. Hubo pogo final, motivado por el descenso al público de su guitarrista en los dos temas anteriores. Acabó por los suelos en Exeter y saludó sudoroso a las primeras filas en Well Done.

Y de nuevo otro cambio de registro. BNQT (se pronuncia banquet) es un supergrupo de estos que están tan de moda, formado por Midlake, Fran Healy de Travis, Jason Lytle de Grandaddy, Alex Kapranos de Franz Ferdinand y Ben Bridwell de Band Of Horses. Estos dos últimos no participan en la gira, aunque aprovechando que los escoceses tocaban poco después, Kapranos apareció en escena para cantar Hey Banana, del debut del conjunto Volume 1. En más de una hora sonaron armoniosos y dejaron versiones de sus bandas como la aclamada Sing de Travis. Cerraron la actuación, una de las pocas que han dado hasta la fecha, con el clásico de los Beatles Revolution.

 

Nos perdimos a Franz Ferdinand, pero teníamos claro que merecía la pena. Exquirla, esa combinación de flamenco y post rock cimentada en uno de los álbumes del año a nivel nacional, ofreció en el teatro el concierto más emocionante de la edición. La voz de Niño de Elche conjuga a la perfección con las bases instrumentales de Toundra. Las letras de calado mensaje, como Europa Muda o Hijos de la Rabia, destacaron en un concierto en el que era difícil no sumergirse. Un Hombre levantó una sonora ovación de un teatro que despidió de pies y entregado al combinado.

Antes de que The Prodigy hicieran arder el pabellón principal, pudimos ver cómo Franz Ferdinand movían a la gente con sus hits Love Illumination y Take Me Out. Además presentaron temas de su próximo disco, programado para febrero, como el single estrenado hace una semana Always Ascending.

Mérito tiene Liam Howlett, que sigue triunfando allí donde va junto a sus compinches Keith Flint y Maxim Reality. En el BIME lo volvieron a hacer, reventando la sala en un meteorito de bailes intimidatorios, luces cegadoras y un sonido ensordecedor. En Voodoo People se abrieron pogos entre el gentío y a partir de ahí fue un no parar de temazos. Poison, Smack My Bitch Up, No Good o Take Me To The Hospital demostraron porque son la banda más punk y hardcore de la electrónica global. Tanto la batería y la guitarra de acompañamiento como los mencionados vocalistas supieron mover al público de principio a fin.

Nos despedimos de la quinta edición del BIME Live con Vitalic y su electro de origen francés, en un live apoyado en un juego de luces psicodélico. En cuanto a Pascal, nombre del DJ, se le vio más que frío con el público, no como sus semejantes el día anterior. Mano Le Tough en el GAUA y Viktor Ollé en uno de los dos escenarios principales continuaron la fiesta hasta las 6 de la mañana y cerraron un año marcado en lo artístico por las diferentes sensaciones vividas.