Bilbao BBK Live (Sábado): Lección magistral de rock para 40.000 personas gracias a The Black Keys

BILBAO BBK LIVE 2014

Ayer las laderas del monte Kobeta no podían estar más llenas de gente, y es que el sold out acechaba esta última jornada.

Llegamos a Belako con el concierto ya comenzado porque los transportes no estaban de nuevo a nuestro favor (caravanas de taxis, buses desbordados) pero lo que pudimos ver, como en otras ocasiones, es que son los reyes dando caña al personal y ahora entendemos la buena reputación que gastan en tierras vascas.

Tras una espera larga ya que los grupos que quedaban entre medias no nos cuadraban, nos dirigimos al escenario secundario a vivir el ansiado directo de Band of Horses.

La banda liderada por Ben Bridwell salió ante un público atento y es que los de Seattle poco se dejan ver. Eso sí, no decepcionaron ya que la armonía musical estuvo presente de forma constante y fue un concierto bonito, en ocasiones dominado por la fuerza de las guitarras y en otras reinando una paz desconocida en un concierto. No faltaron imprescindibles como No one’s gonna love you, St Agustine o la coreada The Funeral.

Tras salir de este oasis musical, volvíamos al escenario principal a ver a otra banda de rock pero que nada tenía que ver ni con lo anterior ni en general con el marco del festival: La banda norteamericana The Lumineers.

Realmente fueron las víctimas colaterales del concierto posterior. El público estaba más pendiente de garantizarse una posición para The Black Keys que de estar atentos a seguir el desarrollo del concierto, y el estilo folk que envuelve a la banda de Colorado, en el que reina la tranquilidad absoluta y el disfrute de los diferentes instrumentos, incluso inusuales, fue un jarro de agua fría para todos.

Una puesta en escena diferente era la que presentaban The Lumineers: lámparas de época y forja por doquier ayudaban a recrear una atmósfera. Con tan sólo un álbum, tienen una legión de seguidores digna de estudio aunque el momento fuerte fue cuando sonaron los primeros acordes de Ho Hey, aunque temas como Flowers in your hair merecen mención. Ante todo es el concepto de belleza musical lo que rodea a esta banda de folk: las cuerdas o el acordeón aportan texturas que en otras bandas sería impensable encontrar. Por ello y aunque fue el concierto más relajado del festival, agradecimos ese mimo con el que trabajan cada nota en directo.

Tras este impass ancestral, llegaban puntuales The Black Keys. Una puesta en escena espectacular, pantallas cambiantes, focos de máxima potencia y sólo Dan y Patrick en el escenario, juntó a otros dos músicos auxiliares.

El sonido de The Black Keys sonó como tenía que sonar: crudo y sucio. Si algún iluminado hubiera intentado pulir ese toque característico, sería para cortarle las manos. Entrando poco a poco, el público estalló al oír la bailable Run Right Back sonar, que rápidamente siguió a Gold on the Ceiling. Si hubo un tema soberbio que rompe la línea de rock puro de la banda de Akron ese es Turn Blue, que sonó mágico y creando un clímax celestial.

Parcos en palabras pero con muestras de agradecimiento, nos pasearon entre El Camino y Turn Blue aleatoriamente de una forma magistral. No dejaron tampoco de sonar Nova Baby, Howlin’ for you, Fever o el hit que les estampó a la popularidad generalizada Lonely Boy. Tras sonar esta canción, la masa allí congregada se disolvió permitiéndonos disfrutar de un pequeño bis dónde sonó, primero en acústico y después de forma integral Little Black Submarines y como broche I Got Mine , donde Patrick podía haber perfectamente explotado la batería.

¿Defectos al concierto? Ninguno. Siempre hay que ser críticos pero es que no los hubo. Anoche pensé en el futuro y dije para mí: “Si todo va bien, dentro de 15 años The Black Keys cogerán el testigo a los grandes del rock y serán ellos quienes llenen estadios”. Porque The Black Keys es rock del de antaño, sabe atemporal, suena de lujo. Si alguien se esperaba algo diferente, al menos que se vaya con una lección de rock bien ejecutado.

Tras este colofón venían los estadounidenses MGMT que congregaron a un buen número de asistentes pero que, tras lo vivido anteriormente, nos supieron a poco. Sobre todo porque a pesar de su rock más psicodélico, sonaron enlatados. Eso sí, no les quitamos mérito y movimos los pies al son de Kids o Time to Pretend.

Y aquí sí que se acaba nuestro paseo por Kobetamendi y el Bilbao BBK Live, contentos en general por lo vivido en esta edición y expectantes ya por conocer qué pasará en el décimo aniversario, cuyos abonos ya se pueden adquirir.

¡Hasta el año que viene!