¡Bendito noise! Stephen Malkmus & The Jicks en Barcelona

Fecha: 21 de enero del 2014
Lugar: Sala Bikini (Barcelona)
Promotora: Live Nation

No se puede negar la querencia de Stephen Malkmus de nadar contracorriente. Y la capacidad de salir airoso… casi siempre. Lamentablemente, su paso con The Jicks por el Primavera Club del 2011 dejo un amargo recuerdo: pasaron inadvertidos con una actuación sin sangre y deshilachada, y supo a poco, muy poco, para alguien de la talla del compositor de Pavement.

Sin embargo, en una Bikini a medio llenar (si adoptamos un punto de vista muy optimista), Malkmus, Bolme, Clark y Morris salieron con una disposición relaja y juguetona. Minutos antes, los noruegos The Megaphonic Thrifts ejecutaron con aplomo un repertorio a medio camino entre Sonic Youth y My Bloody Valentine. Estáticos al principio, desplegaron un grandioso (que no grandilocuente) arsenal noise bastido sobre una técnica depurada. Demostraron ser dueños de un sonido definido y de una talla musical que los hace muy apetecibles para próximos festivales.

Malkmus & The Jicks demostraron tener… un talante diferente. Lo suyo es la ruptura y la sorpresa, el jugueteo y la improvisación. Tanto daba si Malkmus volvía loco a sus compañeros saltándose el orden del setlist, si confundía las ostras con los tigres o si se salía estentóreamente de tono. Sus sufridos compañeros le arreglaban la papeleta, no sin esfuerzo, pero con una inmensa sonrisa en los labios.

Aun a pesar del buen rollo en el escenario y de la facilidad con la que se desarrolló el concierto, Malkmus & The Jicks no se lo pusieron tampoco fácil al respetable. El arranque con Senator, el jocoso single del anterior Mirror Traffic (Matador/Domino, 2011), y Cinnamon and Lesbians presagiaban un concierto electrizante, un retorno a ese noise lo-fi astuto y vigoroso; sin embargo, las siguientes piezas, extraídas del reciente Wig Out at Jagbags (Matador/Domino, 2014) como Scattegories, The Janitor Revealed, y después el rescate de Forever 28 y No One sonaron espesas, como si la sombra del Primavera Club planease ahora el barrio de Les Corts, como si el juego de la continua deconstrucción/reconstrucción de las canciones no hubiese servido más que para meter palos en los pentagramas en vez de darles alas a las canciones. Un juego en el que, sin embargo, empezó a destacar la experimentación del noise con estructuras de mayor raigambre en la música americana: el jazz y el blues.

Y, como si la cosa hubiese sido un mero traspiés, o como si les hubiese pasado inadvertida, Cold Son sonó pletórica y vital, incluso con los continuos reprises y cambios de ritmo. Lariat confirmó la recuperación del brillo y del nervio y de la banda, sin dejar en ningún momento el mestizaje de noise y blues. Malkmus no dejó, por eso, de mostrarse díscolo tanto con la voz como con la guitarra, fracturando continuamente la melodía. El esfuerzo de Joanna Bolme y de Jake Morris para mantener cohesionadas las canciones (y mantener a raya al bueno de Stephen, que no paraba de jugar) fue sobrehumano, ¡pero vaya trabajo! Calificarlo de soberbio es quedarse corto.

El ecuador lo marcó Jo Jo’s Jacket, una de las canciones más celebradas por el público, a la que siguió la hermosa redención de Out of Reaches, que permitió a Malkmus demostrar su dominio de las seis cuerdas y a Mike Clark ejecutar una brillante interpretación al teclado: un hermoso diálogo musical de los que generan vocaciones.

(Do Not Feed the) Oyster fue otra de las pocas visitas al pasado más remoto de la banda, en la que lucieron su vertiente más psicodélica, a la que siguió una descerebrada Tigers que consiguió unos tímidos cabeceos por parte del público.

Planetary Motion inauguró el apartado de los buses, al que siguió una jam session que desembocó en versiones descacharrantes del Brandy, de Looking Glass, y el Born on the Bayou, de Creedence Clearwater Revival. Aun a pesar de su irregularidad, Malkmus y Jicks pudieron salir orgullosos, contentos y justamente ovacionados. Quizá su espíritu inquieto no sea capaz de mantener la disciplina de un concierto tipo y, por tanto, nunca firme un show épico, pero ¡bendita inquietud! ¡Bendito ruido!