Adele enamora a Madrid

ADELE

Oscuridad, una luz de fondo y se escucha su melódica voz cantar. La gente (para variar en este país) habla y nadie consigue adivinar cuál es. Seguro que es del nuevo disco. No, finalmente se trata de Hometown Glory, a mi parecer de las mejores canciones del primer disco, si no la mejor.

Mientras el escenario sigue vacío, se sigue escuchando de fondo la voz de la solista. De repente sale de detrás de las cortinas y el reclamo del público se enciende. Se presenta con un rotundo ¡HOLA!. 2.500 personas responden su saludo gritando y silbando. En La Riviera no cabe ni un alfiler.

Empezamos a darnos cuenta que Adele Adkins es de esas cantantes que mejora cualitativamente en vivo. Y si en el disco es buenísima… Su estilo soul-indie-jazz cautiva día a día a más personas.

Poco a poco se va introduciendo en varias canciones de su nuevo disco 21, título que, al igual que su primer disco, refleja la edad de la cantante. Con esta edad, ha logrado ser número uno en ventas en EE.UU y, después de 9 semanas, se mantiene en el número 1 en UK. Muchos pensamos que España tiene todavía que descubrirla, aunque definitivamente es una artista de salas como La Riviera u otras más pequeñas que le dan un toque más intimo a sus composiciones.

En Don’t You Remember empieza coreada por el público con aquello de “When will I see you again”, lo que va aumentando los pelillos de punta. Cabe mencionar que La Riviera era un hervidero de estudiantes Erasmus que nos aportaron un mejor nivel de inglés a las canciones.

¡Es mi primera vez en Madrid!”, nos relata emocionada. Mientras habla, nuestros queridos Erasmus no nos dejan escuchar del todo sus palabras, aunque sus “I Love You Adele!” hacen que la situación sea cómica. La británica responde que sinceramente está enamorada de todo su público, al que agradece su trayectoria.

Turning Tables, una de las mejores de su segundo disco (latente en la ovación del público), nos acompaña la velada.  Continúa con otra maravilla, Set Fire to the Rain. La gente se anima, empieza a acompañar con palmas, con coros… sobrecogiendo a la cantante.

Dando un giro, empezamos a mover todos el culito con el ritmo chulesco de If It Hadn´t Been for Love. Se desatan muchas melenas femeninas al ritmo del baile discreto y gestual de Adele. No sólo conquista por la voz, me doy cuenta que sus manos también dotan de magia los ritmos de las canciones. De repente, la cantante se parte de risa “If it hadn´t been jajaja for love”. Deduzco que se reiría de algún emocionado…

Volvemos a las baladas con Take It All, esas canciones donde se come el escenario con un simple piano (sin quitar mérito al pianista, un genio). Acabada la canción, las primeras filas empiezan a reclamar. La cantante se descojona literalmente respondiendo: “¡no puedo entender a todos al mismo tiempo!”.

Con Rumour Has It, la gente se anima de nuevo. Vuelven las palmas y los bailes de la audiencia. Hay un momento que la canción da un giro y se tranquiliza. Es en este momento cuando las luces parpadeantes dan paso a la oscuridad y a una sola luz blanca que ilumina su silueta. “All of these words whispered in my ear…”. Esta estrofa detiene el tiempo.

Después, canciones como One and Only, Love Song… siguen presentando el último album.

Voy a cantar una de las canciones más populares del primer disco, Chasing Pavements.”. Un Ooohhh! del público empieza la canción y un aplauso sin pausa (30 segundos fácilmente) la cierran. “I Love You, You Don´t Understand”, comenta emocionada.

Make You Feel my Love, es la antepenúltima canción del concierto, que finaliza con los dos grandes hits de este disco, sus dos cartas de presentación, Someone Like You, en la que empieza marcándose un solo de guitarra cantando las primeras estrofas que vuelven loco al público. Luego vuelve a empezar la canción con el piano y toda La Riviera se transforma en un inesperado coro. “One of the best shows I´ve ever seen!”, confiesa.

Rolling in the Deep bastó para que la gente perdiera la vergüenza y tanto aquellos fanáticos como aquellos que sólo se sabían los temas más populares se unieran en una sola masa.

Muchos silbidos coreando la canción por la calle son la prueba que Adele dejó huella en el público madrileño. Evidencia fue también el gran número de parejas que se veían abrazados durante todo el concierto. Y no sólo Adele consigue enamorar a las parejas, sino que también nos ha enamorado…