True Detective 2: El difícil camino de la secuela

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Después de que una obra ponga de acuerdo a público, crítica y sea incluso reconocida con premios, crear una secuela es complicado. ¿Se puede continuar con una segunda parte (también puede no ser una continuación propiamente dicha, y afectar a una obra diferente del mismo autor) sin que todo el mundo se te eche encima?

True Detective 2 no ha sido una excepción a la norma y Nic Pizzolatto no ha conseguido, ni mucho menos, el mismo reconocimiento que la historia dirigida por Cary Fukunaga.

En cuanto se empezaron a conocer datos de la segunda parte ya arreciaron las primeras y previsibles quejas, por ejemplo contra su reparto, con Colin Farrell y Vince Vaughn a la cabeza. Y es que alcanzar el magnetismo y carisma de los actores/personajes de la primera temporada, Woody Harrelson/Martin Hart y Mathew McConaughey/“Rust” Cohle, era imposible.

Pero lo cierto es que vistos sus 8 capítulos no es el trabajo actoral el problema. Farrell no es el actor mejor dotado del mundo, pero el papel le viene como anillo al dedo, Vaughn sorprende en un papel muy alejado a lo habitual y Taylor Kitsch, Rachel McAdams y Kelly Reilly cumplen perfectamente.

Los creadores necesitaban distanciarse lo suficiente del primer proyecto, pero ¡cuidado! no demasiado, que los fans somos muy celosos y rápidamente denunciaríamos que no es lo mismo (y más en este tipo de series que cambian de trama entre temporadas).

Para empezar decidieron cambiar de ubicación a un entorno urbano, perdiendo así algo de magia, pero manteniendo, cosa que por otra parte no están reconociendo las críticas, una gran elección de localizaciones y fotografía. Los Ángeles y sus suburbios completamente alejados de lo turístico, pasando casi todo el tiempo en fríos polígonos industriales, dentro de casinos de medio pelo o en entornos naturales a los que sólo pueden llegar por sus interminables cruces de carreteras son los entornos por los que se mueve la confusa investigación.

Pero hay algunos puntos débiles y el más llamativo es un guión excesivamente confuso. Parece que en el intento de resultar complicado han resultado enrevesados y muchas veces el goteo de nombres es difícil de seguir. Además la relación entre los personajes es a ratos poco creíble o con personalidades no suficientemente desarrolladas.

Y a pesar de tener más acción (alguna de las escenas de gran complejidad) el relato resulta lento y parece que avanza a trompicones, puede que porque, en esta ocasión, no sólo se ha ocupado un director que le otorgara homogeneidad sino que hay uno distinto en cada episodio.

True Detective tendrá que esperar a una nueva temporada, ya confirmada para el año que viene, para conseguir subir al cada vez más abarrotado pódium de lo mejor de la ficción televisiva. De momento y tras este paso en falso, Los Soprano, Mad Men o Twin Peaks quedan todavía muy lejos.