SUPER 8 (J. J. Abrams, 2011)

Sin duda es el blockbuster veraniego. El cocktail se sirve mezclando al creador de la serie Lost: Jeffrey Jacob Abrams, unos jóvenes actores desconocidos, un homenaje a la década de los ochenta, y aderezando todo ello con la firma Amblin Entertainment, es decir, Steven Spielberg.

La historia que nos relata la cinta es de sobra conocida: un grupo de chavales de un barrio residencial y compañeros de colegio ven alteradas sus vidas porque en su camino se cruza un hecho insólito que sólo tendrá un final feliz con sus conjuntas acciones heroicas. ¿Os suena? Es difícil que no hagamos retrospectiva de E.T. El Extraterrestre(E.T.: The Extra-Terrestrial, 1982, Steven Spielberg), Los Goonies(The Goonies, 1985. Richard Donner), Cuenta conmigo (Stand by Me, 1986, Rob Reiner) o Regreso al Futuro(Back to the Future,1985, Robert Zemeckis). Todas ellas elevaban a los niños a la categoría de adultos y les hablaban a la altura de sus ojos.

Super 8 es nostalgia. Y nostalgia del cine en todo su esplendor. Nostalgia de una época en la que Amblin inundaba la gran pantalla con sus películas. Nostalgia de los cines de verano y los queridos videoclub de barrio. Incluso nostalgia de las películas caseras y de las bobinas de 8 mm (buen apunte a los créditos finales de la película donde todo este conjunto de acepciones se sirven en unos minutos).

La dirección y el guión son dignos merecedores de conceder a su autor el sobrenombre de ‘discípulo spielbergriano‘. La película resulta entretenida y sus personajes entrañables (tal y como lo eran Elliot, Mikey, Gordie o Marty). Las referencias a un joven Romeo y una dulce Julieta adolescente dejan la huella de ser un amor de esos que marcan para toda la vida, eso sí, dejamos la tragedia de Shakespeare a un lado para dar paso a un happy end con lagrimita incluida.

Por su parte, la producción es notoria no sólo en la reminiscencia ochentera de un joven Spielberg, sino en impactantes escenas dignas de la actual tecnología: el descarrilamiento el tren es todo un acontecimiento para ojos y oídos.

Cierto es que, en algunos casos, no podemos hablar de nostalgia, sino de repetición. De esas en las que el espectador se convierte en vidente, pues ya sabe lo que va a pasar, de esas que nos recuerdan a las numerosas películas de terror de la tipología Sé lo que hicisteis el último verano(I know what you did last summer, 1997, Jim Gillespie). De mención es en este punto el momento gasolinera, en el que el dependiente se haya en primer término escuchando música con su walkman, por lo que no puede oír lo que ocurre detrás de él.

La cinta es digna de ver. Se merece el aplauso del espectador por el homenaje al cine de los ochenta y por transportar al espectador a dicha época. Época que muchos recordaremos con emoción. Además, no hay nada como ir al cine y sentir, ya sea la nostalgia de coger el Delorean de Marty y conducirlo hacia el pasado para volver a ser adolescentes, o pisar el acelerador y regresar al futuro en el que los niños de ahora puedan experimentar por vez primera lo que nosotros hoy recordamos.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10

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