Recomendamos… ‘Spotlight’: el viento que agitó las sotanas

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Palacio de la Revolución. Interior. Día. Detrás de dos atriles, los Presidentes de dos Repúblicas se enfrentan a las preguntas de los periodistas allí convocados. Uno de los periodistas pregunta al Presidente más mayor sobre los presos políticos que tiene su República. El Presidente más mayor no contesta porque cree que la pregunta no va con él, y mientras el Presidente más joven se lo aclara, dice “me pareció oír que había presos humanos”. Tras la aclaración responde que su República no tiene presos políticos, y emplaza al periodista a que le dé una lista con los nombres de estos, con la promesa de excarcelarlos si se demuestra que el periodista está en lo cierto. Esta escena merece dos anotaciones. Primera, que el Presidente mayor tenía razón. En su República no hay presos políticos. Allí la disidencia es como un delito, por lo que no son presos políticos, son delincuentes. Y segunda, que aunque incomoden las preguntas y se sepan las respuestas, el periodismo tiene el deber de hacerlas como contrapoder que es. Sin periodismo no hay democracia, y sin preguntas la Humanidad no habría salido de la caverna.

Y si no existiera la investigación, unos sacerdotes, protegidos por la jerarquía de la Arquidiócesis de Boston, seguirían abusando de los menores de edad que acudían a sus templos con total impunidad. Unos periodistas de The Boston Globe, sección Spotlight, se pararon a pensar, subieron las persianas, abrieron las ventanas y entró la luz y el aire fresco en las sacristías de medio Massachussets y agitó más de una sotana. Su trabajo, que llegaba a una sociedad todavía entumecida por el horror del 11-S, les valió un Pulitzer. Años después, uno de los guionistas de Up, Thomas McCarthy, y de uno de los guionistas de El Ala Oeste de la Casa Blanca, Josh Singer, llevan al cine la epopeya y obtienen dos Oscar. Mejor película y mejor guión original.

Spotlight es una película de concepción y escritura clásicas, y como tal, expone los datos con inteligencia y elegancia, midiendo los tiempos y los ritmos, y evita caer en recursos un poco más modernos como el artificio, el maquillaje, o el subrayado. Spotlight son datos, no opiniones. Es un informativo, no una tertulia.

Esa elegancia está presente en otros ámbitos, porque Spotlight es una película de dirección ligera y sencilla, convencido Thomas McCarthy, también director aquí, del poder de lo que cuenta, de la repercusión que puede tener su trabajo en ciertos sectores, y prefiere que las palabras no sean atropelladas por la cámara en movimientos impostados.

Palabras recitadas por un reparto que es una especie de orquesta sinfónica bien entrenada para que nadie desafine y estropee la pieza. El nivel entre ellos es más o menos similar, por lo que tampoco parece que sobresalga nadie. Eso sí, Mark Ruffalo está muy bien. Posiblemente el mejor del elenco. Más allá, claro está, de una Rachel McAdams irreconocible en lo físico y de un Michael Keaton con la inercia del resucitado.

Puede achacarse a Spotlight un tono, o un ambiente, que recuerda a los telefilmes, que es como se llama técnicamente a esas películas que rellenan algunas parrillas televisivas en las sobremesas de los fines de semana. No sé si es buscado, para darle un aroma o una pátina de pasado reciente, para asemejarlo en lo visual a otras películas del mismo género, como Todos los hombres del Presidente. O si es que la fotografía de Masanobu Takayanagi es así. Apuesto por lo primero. El japonés hizo El lado bueno de las cosas y aquella tenía otro ambiente.

Spotlight, por mucho que diga su sinopsis, y las revistas, no es una película sobre la religión, o sobre los abusos de ciertos curas. Al menos no es sólo eso. Principalmente es un homenaje a un tiempo que se nos va poco a poco. Aquel del periodismo en papel, de rotativa y teletipo. Un monumento al cuarto poder de las democracias. Una fotografía en sepia, como de Polaroid, y en contrapicado, de las cinco uves dobles.

El Presidente más mayor no entiende todo esto. Ni lo entenderá.

El Presidente más joven sí. Es su segunda lengua.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10