Recomendamos… La Vida de Pi de Ang Lee

“La duda es útil, mantiene la fe viva”. La vida de Pi, lo último del versátil Ang Lee, director de películas como Sentido y Sensibilidad, Tigre y Dragón y ganador del Óscar a Mejor Director por Brokeback Mountain, gira en torno a esa premisa por la que creer en lo imposible para afrentar las adversidades se convierte en algo más admirable que no hacerlo. La adaptación al cine de la novela de Yann Martel narra la historia de un joven indio llamado Pi, un chico poco corriente preocupado por la búsqueda de Dios que profesa el hinduismo pero también el cristianismo y el Islam. Pi será el único superviviente del naufragio que sufre el barco en el que él y su familia y todos los animales del zoo del que ésta era propietaria, viajaban rumbo a Canadá. Durante 227 días Pi tendrá que sobrevivir en alta mar dentro de un pequeño bote compartido con un tigre de bengala como compañero de abordo. Nadie creerá el relato de Pi cuando éste por fin encuentre tierra firme.

Es ahí donde empieza el cuento sobre cómo el hombre se enfrenta a la realidad que le rodea, aquella que no entiende o que le apesadumbra. Lo nuevo de Ang Lee es un relato reconocedor del oscurantismo de las religiones como fantasías explicativas del cosmos pero también de lo necesarias que éstas historias son para el espíritu. Paisajes surrealistas, colores exuberantes y animales insólitos, todos ellos cargados de simbolismo, requieren de una suspensión de la incredulidad que permita acercarse al periplo de Pi y en definitiva, disfrutar de la película. Son esos elementos, tendentes a lo kitsch –si bien se amparan en cierta estética hindú– los que generan esa duda de la que habla el Pi ya adulto y con la que comenzaba esta reseña: lo que vemos podría ser real o fruto de la desbordante imaginación del protagonista, pero es esa duda precisamente la que mantiene la atención del espectador alerta, consciente de las necesidades de la fantasía.

Se ha hablado de delirio tecnológico y estético, pero La vida de Pi no hace sino valerse de los nuevos recursos cinematográficos para plasmar una hermosa fábula de superación. Al fin y al cabo, entre sus muchas vertientes, el cine ha sido una herramienta para hacer de las historias más insignificantes un relato de gran impacto, ya sea a través de la puesta en escena, el guión o como en este caso la digitalización. La vida de Pi podría ser así un alegato a favor del cine menos realista recordándonos que hay otras maneras de explicar el mundo, uno en el cual los malos no lo son tanto porque entendemos que no pueden eludir su instinto animal y en el que las víctimas sin rostro humano nos duelen menos. Puede que esta opción sea un tanto ingenua pero tal y como le pregunta el Pi adulto al joven canadiense dispuesto a escribir sobre su vida, “¿qué historia prefieres?”.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10