Recomendamos… Dogville de Lars Von Trier (2003)

DOGVILLE
Pocas presentaciones hacen falta para Dogville, una de las cintas más aclamadas del polémico director Lars Von Trier y la primera parte de una trilogía que tendría como tema principal la sociedad estadounidense. Aunque la película que nos ocupa se plantea además como una crítica mordaz y un irónico reflejo de la naturaleza más ruin del ser humano. Allá dónde los límites de la moral son tan difusos que se escriben con tiza, empiezan los instintos más viscerales de un pequeño pueblo estadounidense llamado Dogville.

La premisa es simple: Una joven con cara angelical llamada Grace huye de un misterioso pasado por el que la persiguen unos gangsters y encuentra cobijo gracias a Tom, un bohemio escritor que logra convencer al pueblo para que la oculten en Dogville. A cambio, y debido a la fuerte presión que supone dar cobijo a una fugitiva, la joven deberá cumplir tareas simples que ayuden a la gente del lugar; algo que en principio, y solo en principio, acepta encantada gracias a su bondadosa naturaleza. El ritmo, si bien lento, se va intensificando sobremanera a lo largo de los nueve capítulos que conforman la historia, dejando entrever interesantes cuestiones acerca de la ética y la moral de cada uno, cuando estos problemas son llevados al extremo. Lo más interesante, es que aunque nadie se libra de obrar inadecuadamente durante algún momento de la película, todos lo hacen por alguna razón, que queda bien delimitada. Los vecinos del pueblo son humildes e ignorantes y no conocen otra cosa que no sea vivir en la mediocridad; el escritor apela al juicio y al raciocinio para salvaguardar su conducta y la propia Grace tiene motivos de sobra al final de la película, otra cosa es que justifiquen sus acciones, que puede ser muy relativo. Todo esto nos lleva a pensar a su vez en la relatividad de la propia bondad, cuando hay intereses de por medio, lo que también puede aludir a la famosa doble moral cristiana. Un ejercicio de reflexión que encuentra su punto culmen en el genial diálogo que se mantiene al final de la película, que supone además una vuelta de rosca y determina por completo el terrorífico desenlace.

Por lo demás, en cuanto a cuestiones técnicas, ya se sabe lo que supone una película del excéntrico Von Trier: decorados al mínimo y un pueblo construido a base de líneas de tiza. Aquí se vienen a contar historias, de las que dan pesadillas. El peso se lo lleva por completo el reparto, a saber: una soberbia Nicole Kidman en su papel de Grace, un Paul Bettany más desapercibido pero tampoco desdeñable como Tom y un James Caan como aparición corta y estelar en su papel de padre de Grace. Si le añadimos además un gran componente sociológico -puede verse como una crítica a la sociedad americana, al ser humano en general, o al rechazo que puede suponer las minorías débiles dentro de una comunidad ya consolidada- es una obra que se encuentra a medio camino entre el teatro y el mismo cine.

Desgarradora historia que no deja pie con bola y avanza tan infaliblemente hacia la destrucción como una pequeña brizna ardiendo por una mecha de fuego. Como dice la canción de David Bowie que sale en los créditos “Que el cielo la perdone, ella se hubiera quedado con cualquier cosa, menos con los pirados y la gente como esa, todo por nada”. Al final te preguntarás si existirá algún lugar en el mundo que pueda acoger a una criatura inocente sin que el perro termine ladrando.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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