Los Miserables (Tom Hooper, 2012): un plato indigesto

Digeridas las 12 uvas y con la resaca dando sus últimos coletazos, a algunos les quedarán fuerzas para acercarse al cine más cercano y degustar la que prometía ser la película de la temporada navideña: Los Miserables. Cocinada con prisas, aunque con buenos ingredientes, la versión cinematográfica de la novela de Víctor Hugo que dirige el oscarizado Tom Hooper (El discurso del Rey) resulta ser más indigesta que la cena de fin de año.

El musical de Hopper es como un suflé, a poco que introduces la cuchara en la masa para dar el primer bocado, el pastel se deshincha y pierde toda consistencia. Dorado por fuera con un elenco insuperable (Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter, Amanda Seyfried y Eddie Redmayne), el dramatismo intrínseco a la trama descrita por el novelista francés, que debería conformar el núcleo del suflé y estar cocinado a fuego lento, se diluye en vertiginosos movimientos de cámara e injustificados primeros planos que piden aire a gritos.

Si existe alguna escena en la que el paladar cinéfilo pueda sentirse satisfecho, es aquella en la que una magullada Fantine (Anne Hathaway) interpreta la canción I Dreamed a Dream. Rodada en un primer plano continuo, la intensa interpretación de Hathaway logra transmitir al espectador el drama que su personaje está viviendo, ya que, para mantener a su hija, Fantine se ve obligada a vender su pelo, sus muelas y su cuerpo a inmundos capitanes y nobles de la Francia del siglo XIX.

El trabajo de Jackman también roza el sobresaliente, sobre todo durante el primer acto. Acostumbrado a las tablas de Broadway, el actor australiano domina el terreno de los musicales y lo demuestra dotando de gran expresividad a la mirada de Jean Valjean, un exconvicto en busca de redención. No ocurre lo mismo en el caso de Russell Crowe, a quien se percibe encorsetado en la piel del inclemente inspector Javert.

La fuerza contenida en el plano interpretativo se pierde en la simplificación del contexto social revolucionario descrito por Victor Hugo y en la caricaturización de sus protagonistas y tramas secundarias (la historia de amor entre Cosette y Marius carece de pasión alguna). De nada sirve una espectacular escenografía y vestuario; así como la arriesgada y pionera apuesta en el cine musical de grabar las canciones en directo, es decir, en el propio set de rodaje mientras los actores interpretaban sus personajes; si se aplica una puesta en escena poco coherente e indecisa, que desaprovecha la calidad de sus ingredientes y amarga el pastel.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 5/10

 

 

 

  • Rodrigo

    no puede ser que gente envidiosa critique este gran musical, y si no han leido el libro dense cuantra del amor de cosette y marius, en la pelicula la muestran bien, este tipo de criticas las odio. saludos