La juventud: La vida desde el retrovisor

SET DEL FILM "LA GIOVINEZZA" DI PAOLO SORRENTINO.
NELLA FOTO MICHAEL CAINE E  HARVEY KEITEL.
FOTO DI GIANNI FIORITO
SET DEL FILM "LA GIOVINEZZA" DI PAOLO SORRENTINO. NELLA FOTO MICHAEL CAINE E HARVEY KEITEL. FOTO DI GIANNI FIORITO

¿Qué has visto?, dijo, susurrante, al otro lado de la mesa, y a través de una copa de vino que ya contenía una gota. Su mirada iluminada por la proximidad de un viaje, me invitó a responder esperando a que se debiera también a la compañía. Las consecuencias del amor, dije yo desde mi puesto, a media voz, no sé si por la cautela con la que se habla con alguien de algo que no conoce, o tratando de evitar que surgieran celos.

Reconozco que a menudo, y pasado un tiempo, no recuerdo cómo era una película. Cómo acababa, o cómo se desarrollaban ciertas cosas dentro de ella. Pero mi mente suele compensarme recordando qué fue lo que me gustó de aquella película. Una escena, un diálogo, un plano, una canción. Lo mismo me ocurre con las personas. Recuerdo cómo las conocí, o cómo fue la conversión de conocidos en amigos. Momentos importantes, buenos o malos. Pero no recuerdo todos los detalles de la relación. Es algo natural. No somos robots, ni tenemos por cerebro un disco duro. De momento.

Y sobre esta característica se construye buena parte de la obra de Paolo Sorrentino, hablándonos de cómo nuestra memoria almacena datos que nos lanza de vez en cuando a la cara para recordarnos que sí, que nosotros hemos seguido creciendo o viviendo, que aquella ruptura o aquella derrota no paró nuestra vida, pero que ella por su cuenta echó un ancla, pintó aquel día de rojo en el calendario para recordártelo cuando le dé la gana. Da igual que seas un intermediario de la mafia, un político todopoderoso o un escritor bon vivant que mata las horas como flâneur. Momentos que pueden martirizar u ofrecer una oportunidad de redención.

No me suena, aunque tiene buen título. Es del director de La gran belleza. Ah, esa sí me suena, ¿y qué tal? Pues… ¿No te ha gustado? Me ha encantado. Vaya. Incluso te diría que más que La gran belleza. Bueno, eso habrá que verlo. Es redonda.

La juventud, película con la que Sorrentino vuelve a los hoteles de Suiza, es una obra que nos habla del momento en el que la vida empieza su cuenta atrás, y aprovechamos, en la espera, para hacer balance de lo bueno y lo malo que hicimos, y también, para recordar nuestra juventud, esa Tierra Prometida a la que quisiéramos regresar, pero que los años y los achaques, como la lente de un telescopio mirada del revés, nos la sitúan más lejana de lo que está realmente. En esas están Fred y Mick, octogenarios, exdirector de orquesta y cineasta, que comparten sus vacaciones, y angustias, en un hotel de los Alpes de reminiscencias thomasmannianas.

Junto a los protagonistas, como complemento, o como excusa para describirles y darles recorrido, convive un universo de personajes que recuerda al de La gran belleza, pero con la pausa y observación de los de Las consecuencias del amor. Aquí no importa retratar la burguesía de Roma, sino las etapas de la vida vistas desde el retrovisor. Un actor, un alpinista, un monje, un matrimonio que no se habla, una Miss Universo o una leyenda del fútbol se mueven bien en los pocos espacios que se quedan libres para terminar de completar el cuadro.

Guión sobrio, medido, de arquitectura y decoración minimalistas, que sabe lo que cuenta, y por ello se vuelve tierno en algunos momentos y divertido en otros. Sorrentino dosifica y nos ofrece esta vez menos barroquismo pomposo del que poseía la vida de Jep Gambardella. En este aspecto La juventud es más cercana a Las consecuencias del amor.

Por otra parte, el apartado interpretativo sí es continuación en la obra de Sorrentino: Michael Caine y Harvey Keitel se dan réplica y apoyo, con maestría, desde sus registros diferenciados, para componer una pareja entrañable, con la que emocionarnos de múltiples formas y continuar el legado de Toni Servillo.

Si miramos La juventud trazando comparaciones, nos parecerá que no es una muy buena película. Si la separamos, nos toparemos con una pieza más del puzzle visual, temático, y estilístico que es la filmografía del director napolitano Paolo Sorrentino.

¿Pedimos postre o nos vamos a otro lado?, dije yo acomodándome. La noche acaba de empezar y la ciudad nos espera, dijo Jep encendiéndose un cigarro desde la acera.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10