La gran estafa americana (American Hustle) de David O. Russell

Creo que debo empezar esta crítica pidiendo perdón. Lo siento pero La gran estafa americana no me ha gustado o, siendo más correctos, no me ha gustado tanto como se nos ha querido vender. Vaya por delante que me ha entretenido, que no lamento haberle dedicado algo de más de dos horas de mi vida (¿dónde han quedado aquellos tiempos en los que hora y media eran suficientes para cerrar bien un film?) pero sus diez nominaciones o los premios ya cosechados me llevaban a querer vibrar en la butaca, a poder recomendarla sin dudas de que el recomendado no volviera a pedirme opinión.

Mi historia con David O. Russell es la de un director ‘casi’ pero que no llega. Me gustan los personajes, las interpretaciones, la ambientación y la idea; no me gusta la suma de todas las partes.

Al igual que con El lado bueno de las cosas O. Russell da la sensación de haber contado con materiales de primera sin saber muy bien como ensamblarlas. La historia nos lleva hasta la América de los años 70 para conocer a un estafador Irving Rosenfeld (Christian Bale) y su socia Sydney Prosser (Amy Adams). Todo les va bien hasta que entra en su vida Richie DiMaso (Bradley Cooper) que quiere utilizarlos para pescar peces más gordos, desde alcaldes hasta senadores.

Lo mejor de la película es, como decíamos, los actores. Si hay algo que podemos otorgar al realizador es que descarga el peso del film en su interpretes y el argumento se mueve a través de estos. Los tres protagonistas sobresalen a lo largo del metraje pero no son capaces de hacerle sombra a los secundarios, dos geniales Jeremy Rennner y sobre todo Jennifer Lawrence (puede haber necesitado la saga juvenil de Los Juegos del Hambre para destacar pero ahora brilla por méritos propios). También funciona esa tonalidad nostálgica que envuelve el film con música disco, vestidos ahora horteras y peinados imposibles que nos hacen recordar porque nadie quiere revisitar álbumes antiguos.

Pero algo falla, algo se le escapa a O. Russell entre los dedos para conseguir un cóctel perfecto. La película peca de previsible, no logra ni de lejos esa sorpresa final que siempre se agradece y se busca en las historias de timadores (El Golpe o Nueve Reinas dejaron el listón muy alto), y termina en una sucesión de escenas en ocasiones inconexas y en muchas otras prescindibles.

 Nos quedamos con un 7 de nota, vale para pasar la tarde, puedes no arrepentirte de verla pero ¿para llevarse una retahíla de premios? No, de hecho comienzas a olvidarla según salen los títulos de crédito.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10