Estrenos… La mujer de negro: el ángel de la muerte, película de manual

03320-WiB AOD-Photo Nick Wall.NEF

La mujer de negro de Tom Harper poco o nada tiene que ver con la de James Watkins –salvo por, evidentemente, la casa, sus ruidos, sus secretos y esa oscura dama-. La secuela de Harper empieza siendo interesante: un retrato de las consecuencias de la segunda Guerra Mundial en Londres, manido sí, pero bien llevado. Al menos durante los diez primeros minutos. Los problemas en esta película comienzan cuando comienzan los problemas para la protagonista, es decir, cuando se evidencia que estamos viendo un film de terror. Cosa que no dice mucho a su favor.

La película está forzada no solo por el director, los pronósticos están escritos en las páginas del guión: quien conoce a la mujer de negro bien sabe lo que hace con los niños…. y bien se puede imaginar lo que puede pasar con los chavales que la señorita Eve (Phoebe Fox) lleva a la mansión que tantos quebraderos de cabeza trajo a Daniel Radcliffe hace tres años. Es como Gran hermano Vip: si metes en la casa a ciertos personajes sabes lo que va a pasar, y cuando ves que efectivamente pasa lo que pasa lo más que puedes hacer es soltar un bostezo. Una historia de miedo ha de jugar con el factor sorpresa –se haya machacado el tema o no, eso no tiene nada que ver- y en ésta ese factor es previsible desde el primer momento.

La mujer de negro de Harper es una película de terror de manual, de manual traducido del chino –con extraños infinitivos, frases sin sujeto, yuxtaposiciones imposibles y esas cosas-. Incluye niños que se meten donde no les llaman, niños diciendo cosas del tipo “ella me dijo que lo hiciera”, niños cantando, niños con serios problemas mentales, niños capullos, niños callados; planos de seguimiento de personajes que no saben que están siendo observados, sonidos extraños, sustitos en momentos de calma, manos que salen de agujeros, telarañas, cementerios, muñecos muuuuuy feos; héroes cobardes, damiselas en apuros… En definitiva, todos los ingredientes necesarios para hacer una buena ensalada. Pero se les ha olvidado echar la sal. Cuando una película de terror tiene todos esos elementos pero no aterra se convierte en una comedia no intencionada. Y eso es triste –a no ser que sea una de Rob Zombie: con él no pasas miedo pero te lo pasas de miedo-.

03178-WiB AOD-Photo Nick Wall.NEF

Casi todas las películas de terror se reducen a un trauma, a un miedo, a algo que no tiene que ver con fantasmas externos sino internos. La base de esta película es esa: una joven a la que le ha ocurrido algo que no consigue superar, se castiga por ello, la castigan por ello… el punto de partida es bueno, pero está llevado de una manera muy superficial. Ni siquiera en una película de miedo se debe descuidar el trasfondo, es necesario profundizar, de hecho, al contrario de lo que se pueda pensar, al final es más efectiva porque cala en los huesos del espectador. Pocas películas de género tienen esto en cuenta, pero las que lo hacen se quedan grabadas para siempre en la memoria. Me temo que esta secuela pasará desapercibida, aunque es un buen entretenimiento para una tarde de domingo y de resaca.