Estrenos… Katmandú: un espejo en el cielo (Iciar Bollaín).

KATMANDÚ: UN ESPEJO EN EL CIELONo hay tiempo para reaccionar. Desde el segundo uno el espectador está involucrado en la historia de Laia, la Vicky Sherpa imaginada por Iciar Bollaín. La empatía es inmediata. En Katmandú, un espejo en el cielo descubrimos a una Verónica Echegui capaz de hacernos sentir, capaz de hacernos cómplices de una situación tan aparentemente lejana a la nuestra. Y muchas veces lo consigue tan solo con la mirada. Este trabajo impecable le ha valido a Echegui la candidatura al Goya a Mejor Actriz este año.

El resto del reparto lo encabezan actores nepalíes que contribuyen a aumentar la riqueza de la película con sus rostros, sus gestos, sus voces. Voces que escuchamos en nepalí y en inglés, el idioma en el que Laia se comunica con las gentes de Katmandú. El doblaje al castellano ha durado un mes, un esfuerzo enorme por parte de Verónica Echegui y de dobladores con acento nepalí. Sin embargo el resultado poco tiene que ver con la versión original. Se pierde chispa, tonalidad y credibilidad, algo que afecta muy en especial a los actores nepalíes, cuyo trabajo es brillante.

La otra nominación a los Goya de la que puede presumir este largometraje, Mejor Guión Adaptado, no es menos merecida que la de Mejor Actriz. Un guión realista, profundo e intenso que se enriquece enormemente con un montaje ágil que te impide apartar la mirada de la pantalla. Iciar Bollaín se ha empeñado en reflejar, como hizo en También la lluvia, cómo se desenvuelven los españoles -una española en este caso-, en otro contexto. Pero poco o nada tiene que ver esta historia con la anterior, ni en el lenguaje ni el ritmo.

No veremos en esta película un decorado ostentoso, ni contrastes cromáticos obnubilantes. Iciar Bollaín prefiere seducir al espectador con el Katmandú que vieron y vivieron los años 90 y con un paisaje de Mustang sin colorear, simplemente real. La cineasta pone el punto de mira en las personas, en su día a día, en sus costumbres. Es por eso que la imagen tiene el tacto de un documental, algo que puede sorprender e incluso chirriar a quien vaya al cine en busca del Nepal de Bertolucci en su Pequeño Buda.

Y con este tacto de documental, pero con una mirada subjetiva, descubrimos a través de Laia los incongruencias sociales y los valores imperantes del Nepal de los años 90. El espectador no verá en Katmandú, un espejo en el cielo una biopic de Victoria Subirana. Laia muestra la esencia de lo que vivió esta maestra catalana, pero la historia diverge de su biografía en muchos aspectos.

Quizá muchos se puedan quedar tan solo con la forma: una profesora que viaja a Nepal para dar clase a los niños de un colegio de Katmandú, una mujer que se enamora profundamente de su marido de conveniencia, una mujer que se cae y se levanta una y otra vez. Pero saldrá uno más satisfecho del cine si también se queda con el fondo: una muestra de la profunda desigualdad social de Nepal, de las grandes dificultades que tienen muchos niños para acceder a la educación y de las dificultades que tienen aquellos que intentan ayudarles.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10

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