Estrenos… ‘El hombre más buscado’ de Anton Corbijn

Guionizar un texto de John Le Carré es hacer una apuesta segura. Amigo de airear las injusticias cometidas por aquellos que procuran justicia a costa de la igualdad, conspiranoico, realista… Le Carré se mete, por decirlo de algún modo, donde no le llaman, donde cualquier curioso e indignado querría entrar. Si al estilo de Le Carré le sumamos el gusto de Anton Corbijn tenemos ante nosotros algo interesante, porque aunque este artista rockero diga que prefiere separar sus dos ocupaciones vitales -la de fotógrafo y cineasta-, siempre queda algo de lo uno en lo otro, como es obvio.

Para dirigir su última película Corbijn se ha decantado por una novela del escritor británico, ha decidido seguir en cierto modo la estela de El americano -film basado en otra novela de Martin Booth: Un caballero muy reservado-, algo que todos aquellos que hayan aclamado su primer largometraje, Control, podrían en principio lamentar… Pero que nadie derrame una lágrima de momento porque me queda por apuntar un aliciente más para intentar convencer al espectador de que El hombre más buscado es digna de ver: la presencia de Phillip Seymour Hoffman. Una suerte para Corbijn y para el que observa desde la butaca.

Muchos pueden pensar que tras su muerte el mundo del cine y la crítica le ha beatificado, pero no creo que sea necesario ponerse a defender ahora su talento y trayectoria, ni lo injusta que haya podido ser la industria con él, simplemente toca disfrutar de su último regalo. Regalazo envuelto por Anton Corbijn, quien, no podemos olvidar, es un experto retratista, experto en atrapar de una manera especial los momentos de intimidad, de soledad. Ya lo hizo con Ian Curtis (vocalista de Joe Division), en la citada Control, tumbado en su habitación, fumando un cigarrillo, pensativo… y lo vuelve a hacer ahora con el personaje que interpreta Seymour Hoffman, bebiendo en su casa, tocando el piano… Me atrevería a decir que más que retratar al personaje, retrata a la persona. Ver en pantalla a este actor viviendo tales momentos de vulnerabilidad estremece y obliga a uno a preguntarse involuntariamente cómo serían sus últimos días, qué sentimiento le condujo a semejante final.

Pero dejando a un lado tales pensamientos y centrándonos en el argumento de la película hay algo más que cabría destacar, más aún dadas las circunstancias que nos rodean: los ‘temibles’ pro-rusos o el imparable Estado Islámico. El hombre más buscado resulta ser hijo de padre ruso y madre chechena, musulmán de religión. Nada más. No hay sangre en sus manos ni maldad en su alma, pero su perfil es el de terrorista, el tópico elevado a la máxima potencia. A priori parece que Corbijn nos va a dar una lección de moralidad o nos va a aclarar quiénes son los buenos y quienes son los malos en un mundo en guerra constante y un ‘submundo’ en el que los servicios de inteligencia europeos y estadounidenses se pelean por llegar antes a exterminar al enemigo. Pero no, no es ese tipo de película, no hay héroes, ni bombas, ni persecuciones infinitas, hay tretas y conversaciones interesantes.

En realidad Corbijn habla en este film de lo mismo de lo que ya ha hablado antes: de cómo intentar enmendar los errores, de cómo hacer las cosas bien, con paciencia, en lugar de mal y pronto. Sus personajes siempre buscan la redención. No voy a desvelar el final, no voy a decir si el personaje de Seymour Hoffman la encuentra en esta película, solo diré que la sensación que queda como espectador es curiosa: después de haberte acostumbrado a un ritmo más bien pausado pero constante durante todo el metraje, el desenlace impacta, descoloca. Hablando en plata, se queda uno con una mala hostia empática que solo puede solucionar unas tarde de cañas.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7,5/ 10