Estrenos… Barbacoa de amigos de Eric Lavaine

En el cine, cuando un tema se ha machacado hasta la saciedad sólo quedan dos opciones: o bien entregarse de lleno a las vanguardias -cualquier ismo– a la hora de tratar la imagen y el montaje, o bien dedicarle mucho tiempo a escribir los diálogos para que no decaiga el ritmo, para que los personajes digan cosas interesantes o graciosas, aunque sepamos de sobra dónde van a llegar con sus conversaciones, sean banales, sean profundas -lo suyo es hacer una mezcla equilibrada-. El caso es que el tema de la amistad en la comedia necesita una revisión urgente.

Eric Lavaine ha hecho un esfuerzo, ha optado por lo segundo en Barbacoa de amigos... al menos lo ha intentado. Parte de un supuesto muy recurrente para arrancar su película: uno de esos accidentes que te obligan a replantearte la existencia. Concretamente un infarto, a los 50. Inevitablemente expone y reflexiona sobre las crisis del medio siglo, un pretexto para tratar otros dogmas universales sobre los que uno no tiene porqué recalar precisamente a esa edad, como por ejemplo el de “no es necesario decir a los amigos lo que piensas de ellos -porque puedes perderlos-”. De hecho, a esa conclusión se puede y debe llegar en la adolescencia. Es más, si observamos esta historia con el ojillo torcido, forzando el estrabismo, podríamos casi asegurar que lo que contemplamos es a un grupo de quinceañeros, eso sí, con la vida resuelta y una posición bastante cómoda.

Quizá lo que pretende hacer Lavaine sea precisamente un canto a la juventud, a la nostálgica juventud de aquellos que intentan aferrarse a algo que forma parte del pasado. O quizá lo que quiera demostrar es que la madurez es simplemente un estado de ánimo. Si buscamos algo profundo en Barbacoa de amigos, desde luego los tiros han de ir por ahí. Dejando de lado la parte cómica, la que de ningún modo va a sorprender a nadie, la película evoca en cierto modo a El declive del Imperio Americano del canadiense Denys Arcand, sin tanta intelectualidad, pero con la idea central de ocultar la hipocresía de hombres y mujeres, de los arquetipos de amistad, alrededor de una mesa. Hasta que el volcán estalla en el postre. Esto sería interesante si los personajes de Lavaine tuvieran la mitad de profundidad que tienen los que Arcand nos presentó en su alabada película coral.

Si comentaba que el director francés había ‘intentado’ optar por dar a esta pandilla de amigos unos diálogos interesantes es porque al menos veo buenas intenciones, hay momentos en los que parece que el argumente va a ser más reflexivo, parece que hay mensaje, uno espera un giro inesperado, pero finalmente cada trama se soluciona de una manera tan simple que tira por tierra cualquier buena intención. Al final Lavaine opta por lo más cómodo, como lo hacen sus personajes. En cualquier caso, he de decir que la película es entretenida, es ágil, correcta… pero a mí personalmente no me ha aportado demasiado.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 5,5/10