Estrenos… Amor en su punto

Puede parecer a priori… por el título; por la fragmentación en capítulos mediante grafismos temáticos que te facilitan la digestión del inicio, el nudo y el desenlace; por el argumento en sí mismo; por ciertas ñoñadas -las menos-, y por un largo etcétera… que Amor en su punto es la típica comedia romántica contemporánea. Y de hecho así es, pero… hay muchos peros que salvan a este film de entrar en un saco ya desbordado por el abuso y el mal uso.

Uno de esos ‘peros’ viene de la mano de las cabezas pensantes y ejecutoras: Teresa Pelegrí y Dominic Harari, que cuando unen sus fuerzas cual hermanos Coen escriben guiones maravillosos que, bajo su dirección, ganan un ritmo cuando menos, curioso. Véanse los ejemplos de Seres queridos o Inconscientes. El guión y el ritmo también es el ‘punto’ en Amor en su punto. Los diálogos están muy medidos, pero plasmados con naturalidad. Y con naturalidad son, en ocasiones, ofensivos para el género… porque, aunque la temática sea evidentemente culinaria, se habla de cine, de cine romántico, se abre entre los personajes un debate sobre tópicos típicos que, por cierto, ellos mismos interpretan a la perfección.

 

Precisamente los protagonistas, encarnados por Richard Coyle y Leonor Watling, son otro de los ‘peros’ redentores. Coyle ha sido una grata sorpresa en este registro -es la primera comedia romántica que protagoniza-, y Watling era simplemente una apuesta segura. El personaje de Bibiana estaba escrito para ella y sin ella el resultado habría sido completamente diferente. El guión es la base sí, pero ellos y solo ellos son los encargados de darle ese tono descarado e irónico que el público necesita captar cuando va a presenciar la clásica guerra de sexos… En este caso, encarnizada. Literalmente. Son además los responsables de que esos tópicos que interpretan no huelan a típicos…

 

Por estos ‘peros’ y más, entre tópico y tópico asoman escenas sublimes que obligan al espectador a transitar entre la risa y el llanto en tiempo récord. Sí, he de admitir que a mí se me cayó alguna lagrimilla, pero eso es porque yo soy sensiblera. Y he de admitir también, que jamás volveré a mirar con los mismos ojos las salchichas blancas, y menos si van en estofado.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10