EL GRAN DICTADOR (The great dictator, 1940, Charles Chaplin).

EL GRAN DICTADOR

Hablar de Charlie Chaplin supone hablar de una de las personas más importantes en la corta historia del cine, tanto por su carrera de actor, como por su carrera de director. Marcó una larga época con grandísimas películas todas ellas, en su gran mayoría mudas. Reacio al cine sonoro (el sonido pasó a formar parte del cine en 1927 con El cantor de Jazz), Chaplin continuó rodando cine mudo, hasta el año 1940, donde nos sorprendería con el film El gran dictador.

La película nos cuenta la historia de un barbero judío (interpretado por Chaplin) que combate en la Primera Guerra Mundial a favor del ejército de Tomania, para volver a casa muchos años después del conflicto (en plena ebullición de las invasiones hitlerianas) con amnesia. Éste vuelve a la vida como si nada hubiese sucedido, como si ese lapso temporal nunca se hubiera dado. Sin embargo, la situación política de su país ha cambiado notablemente. Un dictador fascista ha llegado al poder y uno de sus principales movimientos es la persecución de los judíos y la eliminación de los mismos. Este dictador se hace llamar Hynkel (parodia de Hitler, personaje que también interpreta el propio Chaplin). Mientras el dictador planea la invasión del mundo, el barbero se refugia en el gueto. El drama transcurre confundiendo al barbero con Hynkel y viceversa, desencadenando escenas llenas de un gran humor, repletas de gags, slapsticks, etc.

Después de Tiempos Modernos (Modern Times, 1935), donde el director se enfrentaba a los cambios que la sociedad estaba sufriendo dirigidos a la mecanización de todo, Chaplin se lanza al cine sonoro con lo que hoy se conoce como una de sus obras maestras. Esta vez, en el film se enfrenta a los temas más preocupantes y dramáticos de la época: el boom de los regímenes totalitarios y la expansión del fascismo por toda Europa (en contraposición, el comunismo soviético de aquel entonces también era preocupante). Lo hace de manera contundente y con convicción, actitud que le supondría ciertos problemas por el puesto neutral que Estados Unidos había adoptado en este asunto político. Curiosamente, Chaplin iba rodando de una manera ‘premonitoria’ acontecimientos que se darían con los años (no olvidemos que la película fue rodada durante 1938, en pleno conflicto europeo). Chaplin adopta en el film una estructura dual, mostrando de manera paralela las actividades del dictador Hynkel y sus colaboradores, y los periplos del barbero judío en su regreso a casa tras muchos años en el hospital militar. Esta dualidad sirve al actor/director para parodiar el gobierno fascista y, a la vez, para mostrar las pobres y miserables condiciones del gueto judío, atacado regularmente por las fuerzas de asalto del régimen totalitario.

En este film, el cineasta utiliza la figura de Hitler para realizar una brillante parodia de todas y cada una de las ideas políticas, culturales, sociales y económicas del nazismo puro y duro, de la supuesta superioridad de la raza germana, hasta la sumisión incondicional del individuo a la comunidad, pasando por el antimarxismo y el antisemitismo.

También podemos apreciar el cambio definitivo del personaje Charlot (en la película de una manera disfrazado es el barbero), ese vagabundo que nunca acaba de encontrar su sitio, siempre ingenuo y solitario, metamorfoseándose en el propio Chaplin, para alzarse por encima de todos y todo y ofreceros un discurso y un canto a las libertades y a la esperanza (probablemente uno de los mejores discursos cinematográficos de todos los tiempos).