Capitán Kóblic: La sombra de la duda

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Tomás Kóblic, capitán de las Fuerzas Armadas de la República Argentina, mira por una ventana en medio de la noche. Es un hombre pensativo. Oímos de fondo un zumbido, algo que perturba la escena, pero también sus pensamientos. No está tranquilo. Un hombre se acerca y le dice que ya está todo listo. Kóblic piensa por última vez, y luego echa a andar. Camina por unos pasillos, después por una pista de aterrizaje, añadiendo al sonido descrito el del martilleo de sus tacones, y se monta en un avión. Kóblic es el piloto. Sentado en su puesto, sigue pensando, y sigue el zumbido. Sigue incómodo. Hasta que se pone los auriculares y llega el silencio. Ahí se acaba el zumbido. Aunque Kóblic siga dudando. Sigue intranquilo.

Acabamos de presenciar el inicio de uno de los conocidos como Vuelos de la muerte, una de las maneras que tenía la dictadura de Jorge Rafael Videla de quitar de su camino a todos aquellos que se opusieran o disintieran de la línea oficial. De extirpar las malas hierbas. Se detenía a un opositor, se le metía en un avión y se le hacía desaparecer tirándole en medio del mar. Tomás Kóblic es una pieza de ese sistema, un colaborador de la barbarie, hasta que un día se hace preguntas, y tras meditarlo se niega a acatar la orden de un superior en pleno vuelo. Y ante el miedo, huye a un pequeño pueblo apartado de todo, donde un amigo le dará cobijo.

Es el arranque de Capitán Kóblic, la película de Sebastián Borensztein sobre una de las caras de la dictadura argentina, aunque todo el tiempo la película es más un momento que una cara. El momento en que todo se jode. Con perdón. Capitán Kóblic es una película muy correcta en sus formas y en su narración, pero con algunos defectos que consiguen que la película acabe cojeando.

La historia de Kóblic, ese hombre que forma parte de una dictadura, pero que un día no aguanta más asesinatos y se opone al Régimen es lo suficientemente interesante por sí sola (bien utilizados esos flashbacks). Aunque los guionistas, el propio Borensztein junto a Alejandro Ocón, no deben de pensar lo mismo, porque añaden una trama de amor de Kóblic con la chica de la gasolinera del pueblo (que surge artificialmente), que puede ser muy bonita, por ser un amor imposible, pero que no aporta nada a la película. Ni mejora la historia, ni la empeora. Ni avanza el metraje, ni lo detiene. Ni siquiera sirve como detonante final. Nada. En cine no está prohibido utilizar tramas sin sentido, o sin justificación, como no está prohibido casi nada. Pero es un esfuerzo inútil. Y un gasto.

Otro defecto es que la película tiene el paso cambiado y en ocasiones quiere ir por delante de la historia que cuenta. Desconozco si es una manera de dibujar el nivel de delación que había en aquella dictadura, exagerando la reacción de los ciudadanos, pero aquí hay sospechas antes que hechos fuera de lo normal. El paso cambiado tampoco está prohibido en cine, pero desconcierta un poco.

Estos dos aspectos consiguen que la película en vez de subir, bajar, girar, y tener un recorrido como de montaña rusa, parezca la cinta transportadora de un pasillo de aeropuerto.

Si hablamos de interpretaciones, hay que señalar que los actores están muy bien. Ricardo Darín, a su altura habitual, refleja bien las dudas que pasan por su mente, el miedo que recorre su cuerpo, cada uno a su debido tiempo. Cargando con la sombra de la duda, pero que para él es la sombra de la deslealtad. Óscar Martínez conjuga perfectamente sus dos caras sobre el alambre de la legalidad. E Inma Cuesta hace muy bien de ella misma. Bueno, de ella misma pero con acento argentino.

A veces vemos como algo bueno que la gente no dude. Cuando no siempre es malo hacerse preguntas. Y poner objeciones. Sobre todo cuando formas parte de un movimiento, y éste cambia de dirección tomando un camino que no es el correcto.

Por dudar y objetar, August Landmesser se quedó de brazos cruzados en medio del saludo nazi de todos sus compañeros. Y por las mismas razones Conrad Schumann puso rumbo al Oeste saltando aquella alambrada que terminaría convirtiéndose en muro.

Dudar es algo humano. Pero puede convertirte en héroe.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 6,5/10