A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis) de los hnos. Coen

La última película de los hermanos Coen trata sobre el fracaso, un concepto que a primera instancia nos puede parecer demasiado trascendental e incluso un tanto metafísico como para ser tratado por el dúo de hermanos de Minnesota. Pero la verdad es que Joel y Ethan Coen consiguen ponerse profundos y reivindicar una realidad enmarcada en un punto concreto de la historia (América, años 60) al mismo tiempo que consagrar una pequeña gran joya en lo más alto de su propio podio.

A propósito de Llewyn Davis nos relata una pequeña parte de la vida de un artista encarnado por Oscar Isaac e inspirado por Dave Van Ronk que no consigue llegar nunca a la excelencia musical -aunque claro está que la posee- y se desvanece igual que la nieve de las calles de Greenwich Village cuando sale el sol. Su encantadora voz y sus magníficas composiciones folk contradicen su carácter fuerte, agresivo y, en definitiva, su amargura. Una amargura que bien se excusa por su triste vida: Llewyn Davis es un artista folk que emprende su carrera en solitario tras haber perdido a su antiguo compañero de dúo (quien se suicidó) y haber sacado un álbum que no cosechó grandes éxitos. Davis duerme de sofá en sofá y toca de pub en pub esquivando la muerte. Su agente le tiene que prestar su chaqueta y él tiene que pagarle el aborto a su ex- novia (una Carey Mulligan excelentemente bien reconvertida). Dentro de esta vida recorre la cinta de los Coen; una pequeña vida que proyecta un gran relato.

La película empieza desde el punto más álgido, que casualmente es su final, con una maravillosa versión de la Hang Me Oh Hang Me de Dave Van Ronk y un posterior puñetazo en toda la cara de este Dave Van Ronk magníficamente bien encarnado por Oscar Isaac. La verdad es que solamente con la letra de la canción y su armonía tenemos suficiente para entender toda la película. Mucha gente criticará el film por “no llevar a ningún lado” ya que, cómo hemos dicho, el principio es el final (metáfora suficiente como para contar de forma profunda lo que se nos quiere contar); y otros puede que se sorprendan por ver a un difuminado Bob Dylan a punto de saltar a la fama tras ser teloneado por el protagonista (único añadido entre principio- fin). La resta de la película se queda en nada y, paradójicamente, en todo. Llewyn Davis deambula por una América sesentera helada, con tan sólo una chaqueta prestada y un gato “robado”. Se mueve de un lugar a otro (de discográficas a estudios y de bares a salas) congelándose de frío, poniendo a prueba todo su ser para llegar a conseguir algo que, al final, le arrebatarán sin que haya ningún culpable. Sus magníficas canciones hablarán de su propio fracaso, y será por eso que sus canciones le harán caer en la redundancia de este mismo fracaso. Y al final tendremos toda una vida reflejada en una película de poco más de cien minutos, que se podrá comprimir en una canción de poco más de tres minutos y que finalmente se podrá reflejar en unas estrofas de poco más de cuatro versos, con una profundidad que nunca nos podremos sacar de la cabeza.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10