‘20.000 días en la tierra’ de Iain Forsyth, Jane Pollard

No nos engañemos, cualquier cosa que tenga a Nick Cave como protagonista es “canibalizada” irremediablemente por su arrolladora personalidad. Y en este caso, un documental sobre él, es difícil que dejara hueco para la creatividad de la puesta en escena.

Pero en este caso nos hemos llevado una grata sorpresa y los directores (amigos desde hace años del protagonista y novatos en la dirección de largometrajes) han conseguido, con sus aportaciones un fresco bastante amplio de lo que Cave es en la actualidad y ha sido desde sus inicios hace más de 30 años.

La sinopsis es sencilla. El cantante, actor y escritor Nick Cave cumple 20.000 días en la tierra y está comenzando a grabar el disco número 15 de su discografía. Decide abrir, sorprendentemente, las puertas de su estudio y su casa para mostrar el proceso de creación y registro de Push the sky away. El artista australiano siempre ha sido muy reacio a entrevistas y reportajes así que ha sorprendido hasta qué punto se ha desnudado.

Confié en Iain y Jane lo suficiente para dejarlos entrar en el estudio y ellos convirtieron la experiencia en un documental. Yo me limité a hacer ciegamente lo que me decían que hiciera”.

Un apartado importante dentro de la película son las conversaciones que tiene con personas importantes en su vida. A su vez estas se pueden dividir en dos. Las actuales, con su eterno compañero y amigo Warren Ellis (comiendo en su casa o durante la grabación), con sus hijos…o las que recrean otros momentos en su vida. Para estas, la pareja de realizadores han decidido crear una atmósfera irreal, para que se tenga la sensación de ser fruto de los recuerdos que Cave tiene de esas personas (el actor Ray Winstone o el impagable momento junto a Kylie Minogue).

La aparición de un psicoanalista, amigo de los directores, tenía la difícil misión de sacarle sus momento más íntimos. Sobre su familia (padres y esposa e hijos) y sobre su visión sobre la vida (no se corta al hablar sobre sus problemas con las drogas y el alcohol). Aquí sorprende también rompiendo el supuesto tono oscuro con un par de momentos de sentido del humor.

Y no podían faltar los momentos musicales, donde se encuentra en su salsa, culminando con una actuación marca de la casa.

Uno de los momentos más memorables es cuando confiesa sus sensaciones e intenciones sobre el escenario. Y no es como podría sospecharse seducir, el dice fijarse sobre todo en las primeras filas (“no soy artista de últimas filas”), si no dar miedo. Mirar fijamente a los ojos y notar terror, le da energía para sentirse como un dios.

Todo se complica cuando se tiene la intención de no repetir escenas, para mantener la frescura, lo que exigió un gran trabajo de planificación. También hay que destacar el gran trabajo del director de fotografía Eric Wilson.

No estamos ante una biografía corriente, ni tampoco ante un documental al uso. Hay un tratamiento original y consigue ser inspirador y recomendable incluso para ajenos a su música.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10

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