Confetti, como en un concierto de Delafé y las flores azules

Con su camiseta de la plataforma Bicicrítica (http://bicicritica.ourproject.org/) salía Delafé al escenario del Orange café de Madrid, acompañado como siempre por las flores azules y, desde su último trabajo de estudio, por las trompetas de la muerte. Ritmos marcados, saltos de felicidad y canciones, en su mayoría de espíritu alegre (y santo), llenaron una noche en la que Oscar D’aniello y Helena Miquel, acompañados por una banda que incluía sección de vientos, ofrecieron lo mejor de la música que saben hacer en algo menos de una hora y media.
El concierto, dentro de un ciclo de siete y vinculado a las Jack Daniel’s Sessions, arrancó con Río por no llorar, una larga canción que es la segunda de vs. Las trompetas de la muerte (2010). Pero no sólo brilló este último disco, ya que enseguida aparecieron clásicos como La Juani, El Indio o Mar, el poder del mar, de una etapa anterior junto a Facto (Marc Barrachina). Pero sin duda, pese a quien pese, con esta última entrega es con la que más camino se ha abierto esta formación de trepidantes melodías y cotidianas letras. Las más coreadas fueron La primavera (con partes de la letra ya anticipada en otras canciones de anteriores trabajos) o Espíritu Santo, tema con el que fueron a su modo visionarios del fenómeno Iniesta, ya que poco después de predecir que el jugador se merecía “el oro de balón”, España ganaba el mundial. Con la interpretación de 1984, una de los temas más bailables, Delafé y las Flores azules enseñaron a su público el sospechoso parecido entre grandes éxitos veraniegos de Georgie Dann como La barbacoa y El chiringuito.
Con todo ello, el concierto ya tendía a estar completo. A pesar del sonido, algo deficiente, de la sala Orange, Delafé y las flores azules pasaron el examen de grupo más que consagrado. Hacía ya tiempo que no actuaban en Madrid y las ganas de seguir la marcha les obligaron a realizar los bises sin siquiera bajarse del escenario, para aprovechar más el tiempo. Así que, imitando a los Bee Gees y enseñando el famoso baile del grupo (el “steady running”) continuaron con temas como Funcionarios ausentes o Éramos. Luego se fueron yendo, ya de manera definitiva, como lo suelen hacer: con Poquito a poco, canción que a modo de títulos de crédito agradece la participación de los presentes y añade incluso la imitación de los ruidos de la gallina en la sopa…
Fue este un concierto muy familiar, y es que los seguidores de Delafé y las flores azules, junto al despliegue de medios por parte de la banda, lograron que se creara un clima cálido y cercano. Quien no haya estado nunca en uno de sus shows ha de saber que en sus conciertos se baila, se ríe y se sale con una sonrisa de oreja a oreja.
Con coreografías de sombrilla y lanzamiento de confetti, se fueron tras ofrecer una colección retrospectiva de sus canciones, sin olvidarse de Enero en la playa. Por eso queda patente que aunque uno de sus pilares fundamentales, Helena Miquel, se dedique también a su carrera como actriz (aún puede verse en la gran pantalla junto a José Coronado en No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu), Delafé y las flores azules tienen cuerda para rato.






















